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A tres manos por Alex Fergusson

Una Agenda para la Universidad

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El cambio en la UCV y, por cierto, en el resto de las universidades nacionales es ya un clamor general –en buena parte por la profunda crisis de gobernancia que atraviesan-  aunque sus razones, métodos  y objetivos no  sean los mismos en cada grupo de actores que participa en ella.

Para avanzar en ese proceso, es necesario comenzar rompiendo el círculo vicioso de ofertas incumplidas, ineficiencia y centralismo autoritario que han conducido al actual estado de desconfianza generalizada en las capacidades institucionales y abra paso a las energías constructivas existentes, que se expresan cada día en distintos ámbitos de la vida universitaria, aunque todavía con gran timidez.

Desde el 2001, un importante grupo de universitarios comprometidos con la transformación de nuestra Universidad, entre ellos y de manera destacada, el grupo de profesionales que conforman la Red del Observatorio de Reformas Universitarias (ORUS-VE) hemos venido planteando la urgente necesidad de un cambio sustantivo en las bases epistemológicas, en la organización y en los modos de funcionamiento de la educación superior.

En tal sentido hemos fundamentado hasta la saciedad que la transformación universitaria debe ser pertinente, profunda pero plausible y realizada mediante la participación más amplia y democrática posible, pues todos los sectores (profesores, estudiantes, empleados y obreros) van a ser impactados por los efectos de la transformación, dada su naturaleza radical en algunos aspectos.

En este sentido, ninguna persona o grupo puede seguir pretendiendo la exclusividad del cambio que está planteado como clamor comunitario. Por ello es clave la capacidad de convocatoria que pueda generarse desde el alto gobierno universitario, dominado hoy por la intransigencia que deriva de una agenda oculta (que lo coloca en una lógica de partido político) y por la radical incomprensión de lo que está ocurriendo en el país y el mundo.

De lo que se trata, entonces, es de comprometerse seriamente a involucrar a todos los actores capaces de activar propuestas, de producir iniciativas y de impulsar procesos verdaderamente transformadores. El reto de la transformación consiste, pues, en insertar las demandas inmediatas, urgentes, de cambios organizativos, académicos y políticos en una visión estratégica de la nueva universidad, socialmente pertinente y resonante con la sociedad del conocimiento.

Así pues, las ideas y proyectos de cambio deben ser discutidos ampliamente en las instancias originarias del poder universitario que son: las ASAMBLEAS DE FACULTAD (las cuales, por cierto, tienen años que no se reúnen para conocer, discutir y aprobar el informe anual de gestión  que cada Decano debe presentar por ley) y el CLAUSTRO UNIVERSITARIO (ese anacronismo sólo convocado para el acto electoral cada 4 años) y no los consejos Universitario, de Facultad o Escuela, ampliados o no, donde la discusión y el debate han estado ausentes por años y que por su inacción son responsables, con honorables excepciones, de buena parte de la crisis que vivimos.

En todo caso, una agenda para la transformación de la de la Educación Superior debe considerar los siguientes aspectos:

* El pensamiento que la piensa y sus referentes epistemológicos

* El papel y pertinencia de los gremios y organizaciones laborales en la dinámica universitaria

* El simulacro de democracia inherente al  esquema organizativo actual de la universidad.

* La pertinencia del esquema organizativo actual por Facultades, Escuelas y Departamentos

* La implantación de un nuevo modelo organizacional así como la modernización de la plataforma tecnológica y comunicacional actual, que nos permita una gestión eficaz y eficiente de los asuntos docentes, de investigación, de administración y de extensión..

* La pertinencia de la visión disciplinaria del conocimiento y su expresión en la estructura actual de profesiones y carreras.

* La ampliación y flexibilización de los estudios de pregrado y postgrado que respondan a la necesidad de diversidad,  autogestión y autoevaluación del conocimiento.

* La revisión profundamente de las formas de ingreso a la universidad, el sesgo excluyente de sus políticas de “cupo” así como la perversión de las “pruebas internas”  y de los “cursos propedéuticos” en los que se inscriben muchos pero que pocos aprueban.

* La educación para toda la vida.

En resúmen, el debate transformador debe profundizar, tanto como sea necesario, hasta producir un proyecto alternativo, pues la propuesta gubernamental no nos satisface, cónsono con los requerimientos políticos, sociales, culturales, cognitivos y organizacionales del tiempo en que vivimos. Se trata de visualizar otro modelo de universidad capaz y dispuesta a pensarse a sí misma en todo momento, que nos permita salir de este ambiente rutinario y burocratizado en el cual vivimos y en el que la pobreza académica, el autoritarismo y la ineficiencia tengan cada día menos espacio.