• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Francisco Javier Pérez

La Academia de la Lengua edita a Julio Garmendia

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cumpliendo con lo anunciado, hoy está en las librerías la Obra completa del célebre escritor larense. El empeño por rescatar la producción integral de este autor tan singular y atractivo, maestro indiscutible del cuento fantástico en nuestra literatura y siempre disperso y parcial, viene a materializarse. La fortuna hizo que el crítico, escritor y académico Oscar Sambrano Urdaneta, nombre clave en el fortalecimiento de la materia cultural pública en el país, dedicara a Garmendia sus esfuerzos más constantes para rescatarlo, editarlo y estudiarlo a lo largo de su vida.

Se le debe a Sambrano el que Garmendia fuera una presencia en el imaginario literario venezolano y ello sigue siendo así aún después de desaparecido el muy querido maestro de nuestra crítica literaria nacional. Sambrano volvió una y otra vez sobre el tema Garmendia como si estuviera guiado por el mandato de un escritor tan parco para mostrar su trabajo y tan demorado para crearlo. La deuda espiritual que parecía tener con Garmendia hoy queda satisfactoriamente saldada con el precioso volumen editado.

El conjunto ofrece una lectura deshabituada del escritor. Primero, deja sin efecto la idea de que había escrito poco (están aquí las casi 500 páginas del volumen para rebatir el tópico). Segundo, que solamente La tienda de muñecos  y La tuna de oro eran sus libros consolidados (nada más falso, pues el propio Sambrano había editado otros libros orgánicos del escritor: La hoja que no había caído en su otoño, La motocicleta selvática y El regreso de Toñito Esparragosa contado por él mismo). Tercero, que Garmendia solo era un escritor de relatos y que otros géneros le habían sido ajenos (además del ya conocido Opiniones para después de la muerte, se reúne en este volumen la obra dispersa ensayística, periodística y poética del escritor). Así, la estructura de la hechura completa de Garmendia fue organizada en los siguientes cuerpos: 1) “Los relatos publicados”; 2) “Los relatos inéditos” (además de las piezas sueltas, se ofrecen los conjuntos titulados: “Del natural”, “El mundo de los Betul”, “Amores con Cristina”, “El viejo pasaje” y “La casita de Lumbelé”; 3)”Las crónicas humorísticas”; 4) “La generación del 18”; 5) “La miscelánea”; y 6) “Los versos”.

Esta Obra completa, un conocido singular que es un novedoso plural, resulta de la edición, selección, transcripción, notas, cronología y estudio preliminar por parte de Oscar Sambrano Urdaneta y fue llevada a cabo cuando, luego de ejercer de presidente de la Academia, dirigió el Instituto de Estudios de la Lengua de esta institución.. Las tareas de estudio subsidiarias de estos trabajos quedó completa con la fundamental “Bibliografía” de y sobre Garmendia que elaborara Rafael Ángel Rivas Dugarte, numerario de la misma corporación.

Son muchos los méritos de la escritura de Garmendia y el volumen los exhibe con pureza, quizá la característica más difícil y persistente de la forma de este autor. Sean relatos, sean ensayos, sean notas, sean epístolas, la pureza de su prosa encantada y la aguda penetración de su visión de la vida y del mundo lucen como presencias imposibles de postergar. La invención de situaciones cúspide para relatar la factura de la realidad y la creación de criaturas literarias permiten entender las dotes mayúsculas con las que este escritor había sido bendecido, pues, como en el caso de Ramos Sucre, a quien venera y sobre quien escribe, resulta difícil entender que no hubiera nacido hecho el primer día en que tomó la pluma por primera vez. No se percibe progreso en su trabajo, no se aprecia ningún desarrollo. Desde el intento inicial y hasta el último, la misma rectilínea fuerza para narrar el universo y el mismo afecto por convivir con sus ficciones como si fueran realidades de cuerpo presente (y lo eran, sin que lo dudemos).

Como muestra y como apertura a la comprensión de este Obra completa, quisiera aludir a uno de sus escritos parisinos, fechado en 1928. Se titula “Aforismos” y no es sino una reunión de textos fraseológicos que le permiten al escritor pensar los asuntos capitales que llamaron a su inteligencia y que tocaron a su corazón. Continuador de una tradición que viene de Pérez Bonalde y Ramos Sucre, autores ambos de trabajos aforísticos, y precursor de lo que José Balza alcanzara recientemente en cotas altas sobre este género, hace coincidir forma e idea y ello gesta conceptos de imposible refutación. La ironía y la mueca verbal, el humor y la parodia mental son puestas en funcionamiento para demoler y construir los estamentos del aparato público (la política, la libertad) y para hacer que luzca en su trono dorado el hombre y sus afectos más preclaros (el arte, la filosofía).

Termino con una selección de esta venturosa granizada: “La política es el arte de gobernar a los demás políticos”, “La oposición no es otra cosa que un gobierno que no devenga sueldos y que no funciona en los edificios públicos. El gobierno, en rigor, viene a ser otra oposición”, “Las revoluciones no imponen nunca la justicia, pero siempre recuerdan que la justicia debe imponerse”, “Las comedias están lejos de ser la realidad; pero la realidad no está muy lejos de ser una comedia”, “He escapado de haber pasado por una Universidad, y de la vergüenza de obtener títulos a los veinte años”, “Cuando afirmo, comienzo a dudar; cuando niego, comienzo a creer”, “Nacemos cuerdos mientras llega el momento de ser locos”, “La malicia se aprende pensando” y, el último (y tal vez el primero) de sus aforismos, “El filósofo vive como si no lo fuera”.