• Caracas (Venezuela)

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Ignacio Ávalos

Abstinencia electoral

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I.

Los resultados paridos el domingo 8 por las máquinas de votación pueden ser leídos de muchas maneras, de acuerdo con el ingenio aritmético del interesado a la hora de sumar, restar, y hasta pesar, los sufragios. Cada quien trata de jalar la brasa para su sardina política y busca imponer en la opinión pública su versión de lo acontecido. Pero, ojo, en el terreno mediático hace rato que no hay “fair play”: el “gobierno de calle” cuenta con claras ventajas en la pantalla de televisión.

 

II.

En medio de todo, lo cierto pareciera ser que, desde el punto de vista político, las cifras electorales ratifican el país dividido en dos porciones más o menos iguales desde el punto de vista aritmético, aunque disímiles en su idiosincrasia socioeconómica y, seguramente, en sus expectativas. Como lo expresó el presidente Maduro, “hay una mitad mayoritaria y hay una mitad que es minoría”. Se corrobora, pues, la polarización, pero habrá que hurgar en el significado que tiene el hecho de que alrededor de 10% de los ciudadanos se haya inclinado por candidatos que figuraban como “no alineados” y cerca de 42% haya preferido guardar silencio, a pesar del carácter plebiscitario que tuvo esta convocatoria a las urnas, como todas las que han tenido lugar desde el año 2000.

 

III.

Cerrado el episodio del domingo antepasado, pareciera que por primera vez en 14 años no habrá ninguna elección a la vista y la sociedad venezolana dejará de tener su ombligo político en un centro de votación. El país comenzará, así pues, un período de abstinencia electoral, como le escuché decir al jesuita Wilfredo González.

Tal vez esta abstinencia nos depare tiempos más tranquilos y reflexivos. Tal vez el gobierno –en época navideña todos tenemos licencia para el optimismo– se dé un permisito ideológico para conversar con la parte del país que no se ve reconocida en el Plan de la Patria. Tal vez tome las medidas necesarias, aunque tengan sabor de purgante, para encarar una situación económica y social que hasta los brujos anticipan como harto complicada. Tal vez sea capaz de romper, en nombre de la realidad, las cadenas que lo atan al modelo comprobadamente inviable que dejó Hugo Chávez. Tal vez deje a un lado su creencia de que el día 8 el país expresó un claro mensaje a favor de la revolución bolivariana, y reconozca que, después de hechas las cuentas, el oficialismo solo captó 27,3% del total de 19.066.431 electores, que el para nada socialista “efecto plasma” revirtió los resultados anticipados un mes antes por todas las encuestas serias y que, por decir una última cosa, 3 millones de los 7,5 millones de militantes del PSUV pensaron que la revolución no valía el esfuercito de ir a votar, no obstante el llamado del presidente Maduro a “librar esta batalla decisiva por el socialismo”. Tal vez el gobierno vea en todo ello la fragilidad de la cultura política del chavismo de a pie, demasiado modesta con respecto a la exuberancia retórica del discurso oficial. Tal vez, en fin, se replantee la forma de gobernar y lo haga no en función los eventos electorales, sino en función de ordenar un poco eso que llaman la economía.

Tal vez la oposición, por su lado, cambie su agenda, hasta ahora también ostensiblemente organizada por el asunto electoral. Tal vez la amplíe y logre convertir su importante capital electoral en capital político. Tal vez pueda, así, convertirse en opción de poder, en carta de esperanza. Tal vez pueda tener cara de alternativa, que no la tiene, a pesar de las “ventajas” que le da la mala gestión gubernamental. Pero, ojo: cuidado con las agallas.

En fin, luego de casi tres lustros signados –y deformados en buena medida– por tantos comicios, no viene mal una temporada de abstinencia electoral que nos dé cierta sobriedad política. Tal vez sea la oportunidad para que unos y otros piensen a fondo, más allá de los votos, y le miren el hueso a esta sociedad tan desacomodada en tantos planos, en la que ahora vivimos.

 

Harina de otro costal

Visto que no nos volvemos a encontrar en esta página, sino hasta enero, le deseo, querido lector, unos felices días navideños y un año 2014 envuelto en amor y humor, que lo demás sale (casi) sobrando.