Abajo cadenas
11 de agosto 2012 - 15:41
Se quedó sin fuelle. Todavía tiene algunas alhajas en la botija, pero ya no le quedan fuerzas para que sean su salvación.
Ahí está la soga, pero no tiene ímpetu para sujetarse. Autosuficiente y con su presunción de sobrado despilfarró su capital político real y ya no le suena la flauta.
Los pocos que todavía le creen, que confían en su palabra, que no ponen en duda sus intenciones, presienten que es como agarrarse de un clavo caliente. Va cuesta abajo. Será una rodada histórica.
Habiendo recibido el poder para emprender las reformas, modificaciones y cambios que se necesitaran para acabar con la miseria y que el país se incorporara al desarrollo, además de ingentes recursos económicos para dedicarlos al bienestar, la salud, la educación, la infraestructura y el medio ambiente, se dedicó a la cháchara estéril. Blablá.
Se cuentan por decenas de miles las horas que ha pasado frente a las cámaras de tevé, y en cadena, insultando, echando cuentos, cantando desafinado, mintiendo, prometiendo, regañando, descalificando y exigiendo a los demás lo que él no hace. Desde el primer día ha sido un Midas al revés.
Ha destruido todo lo bueno y ha multiplicado lo malo. Ahí está Catia, superpoblada y como si fuera poco a su único parque -que le quitaron el nombre del demócrata venezolano Jóvito Villalba para ponerle el del terrorista cubano-argentino Ernesto Guevara de la Serna- lo han mutilado para construir casas violando el sentido común y los principios básicos de la urbanización en los terrenos que le había ganado al retén. Ahí está el litoral central, que no ha podido ser recuperado después del deslave, porque no se trata de sembrar maticas sino de emprender los proyectos que en su momento presentaron los expertos.
Ahí están las carreteras y autopistas en el peor estado, mientras que las cloacas han tomado las calles en barrios y urbanizaciones. Las escuelas se están cayendo, pero lo peor ha sido la distorsión de los programas de estudios, la descalificación de la docencia venezolana y la entrega de la formación de los niños y jóvenes venezolanos al régimen cubano.
Prometió que acabaría con la represión policial, sigue igual y hasta más salvaje, pero se le ha sumado la sanguinaria represión que acomete el hampa.
Después de que los ingenieros del régimen precipitaron la caída del Viaducto 1 de la autopista Caracas-La Guaira y recurrió a los brasileños para construir uno que habrían hecho mejor los venezolanos, anunció, y ya han pasado más de cuatro años, la construcción de la segunda autopista al litoral.
Todavía no la ha empezado. Ha sido el peor gobierno de la historia venezolana y como si fuera poco ahora se empeña en llevarnos al socialismo, que es la más insufrible paila del infierno.
Afortunadamente, se quedó sin fuelle. Dios aprieta pero no ahorca. Lección aprendida. Cerrado por inventario.

