• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

¿Maduro gobierna?

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Hay un viejo dicho popular que reza que “muchas manos en la sopa ponen en caldo morado”. Pues bien, eso parece ser lo que le está sucediendo a Maduro y su gobierno. Sus actuaciones son perturbadas, entorpecidas intencionalmente por un conjunto de voces que lucen autónomas, que lo dejan muy mal parado, que le hacen perder la auctoritas necesaria para mantener el poder.

Diosdado Cabello no solamente no lo acepta como jefe, sino que tiene agendas internas y públicas propias. Las declaraciones, arremetiendo por su cuenta, no sé si en calidad de presidente de la Asamblea Nacional o de vicepresidente del PSUV, contra la reunión Capriles-Santos saltándose al canciller Jaua y al propio Maduro (quienes son los responsables de manejar las relaciones exteriores), así lo demuestran. De otra parte, también está la iniciativa inconsulta del gobernador del Zulia, Arias Cárdenas, de aplicar un “novedoso” chip de racionamiento de alimentos, que el propio Maduro tuvo que, públicamente, desautorizar con calificativos bastantes fuertes hacia la medida y hacia su autor. El reconcomio va por dentro…

Menciones similares se podrían hacer en materia económica-financiera y en el ámbito legislativo, donde las marchas y contramarchas marcan la pauta. Por ejemplo, todavía nadie sabe, a ciencia cierta, cuál va a ser el mecanismo para la entrega de divisas a los empresarios e importadores de mercancías y alimentos, siempre anuncian alguna solución distinta. Se acuerdan ustedes, amigos lectores, cuando Maduro ordenó la aprobación inmediata de la cacareada Ley de Compra y Venta de Vehículos; pues bien, ésta todavía deambula por algún oscuro pasillo del cuerpo legislativo. Y así hay muchos casos que se han diluido en el desorden y la vocinglería hueca del Sistema Bolivariano de Información, o ministerio de propaganda.       

La verdad es que a Maduro no lo respetan. No marca un rumbo definido, a pesar de todos los esfuerzos que hace. Dispara en varias direcciones al mismo tiempo, pero no da en el blanco. Siempre recula como en el antes mencionado caso colombiano y con las amenazas al imperio, para luego ir solícito Jaua a pelarle los dientes a John Kerry; ocurrió lo propio con España y el canciller García-Margallo. Todo lo anterior son síntomas de que los hilos del poder se les escurren entre los dedos, no los controla, pues gobierna a medias, muy disminuido.

Intenta imitar a Chávez, sin lograrlo, por supuesto. No tiene la pegada ni el carisma de su patrocinador y predecesor. Los propios chavistas “uña en rabo” no pueden escapar de hacer las comparaciones desfavorables, lo que significa que no calza los puntos para construir el liderazgo indispensable para ganarse la obediencia y el temor de sus pares de la cúpula que detenta el mando y, peor aún, entre su base política de sustentación. Esto es muy grave porque demuestra la soledad, fragilidad e inestabilidad en que se encuentra. Lo hace más dependiente de los hermanos Castro y de otros grupos internos de poder. ¿Será por eso que llamaron a Cabello a Cuba?

Cada día que pasa se patentiza que Chávez era insustituible para la revolución, por eso, en la calle, donde se bate el cobre de las dificultades cotidianas del pueblo que pasa trabajo, se comenta a viva voz la poca subordinación y apoyo que sienten hacia Maduro. Era gente que estaba acostumbrada a otro tipo de reciedumbre; de tal intensidad que era capaz de convertir mentiras o medias verdades en mitos indiscutibles, en dogmas de fe que se apoderaban del imaginario popular.

Los problemas no se resuelven, más bien se profundizan. Pueblo y estudiantes sí tumban gobiernos. Se me ocurre que hay más de un enchufado cazando güire…