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Manuel Felipe Sierra

Trujillo y Betancourt

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“El Presidente reacciona, no ve ni oye, apenas siente un zumbido espantoso, tiene cubierta la cara de sangre, le arde la piel, están destrozados sus anteojos de gruesos aros oscuros y logra con un impulso concentrado abrir la puerta”. Así relata Miguel de los Santos Reyero los minutos siguientes al atentado que sufriera Rómulo Betancourt el 24 de junio de 1960 en la avenida Los Próceres de Caracas. Se trataba de un ajuste de cuentas (como fue posteriormente comprobado por la OEA) del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo contra el mandatario venezolano.

El hecho criminal era el resultado de viejas diferencias entre los dos políticos, que tuvo momentos culminantes cuando en los años del 45 al 48 Santo Domingo se convirtió en el centro de conspiración de los adversarios de la Revolución de Octubre, que llegaron incluso en aquel momento a promover varios planes de invasiones al país. El episodio es retomado ahora por el historiador y escritor Edgardo Mondolfi Gudat en el libro El día del atentado (El frustrado magnicidio contra Rómulo Betancourt). Se trata de una investigación exhaustiva y esclarecedora sobre un acontecimiento que merecía, como ahora, un tratamiento más cuidadoso.

Mondolfi recurre a documentos desconocidos que ponen en claro los desencuentros insalvables entre Betancourt y Trujillo, y toda la trama subversiva que se tejió en República Dominicana para derrocar el gobierno de Betancourt nacido en 1959 y sometido a todo tipo de acechanzas. En primer término, del viejo militarismo derrocado el 23 de enero con la caída de Pérez Jiménez, y luego, la insurgencia de sectores de izquierda iluminados por la Revolución Cubana de Fidel Castro. El propio Trujillo (como producto de una antigua obsesión) manejó los hilos de varias conjuras incluido el golpe de Estado (también fallido) que intentó Jesús María Castro León desde San Cristóbal meses antes de lo ocurrido en Los Próceres, cuando milagrosamente Betancourt salvó la vida, aunque ello dejara graves secuelas para su salud.

El historiador indaga también, de acuerdo con versiones que circularon en su momento, hasta dónde el asesinato de Trujillo, ocurrido el 30 de mayo de 1961, tendría que ver de alguna manera como una respuesta de sectores democráticos vinculados a Betancourt por la presencia de un dictador que representaba un estigma, no sólo para los dominicanos, sino para el Caribe y el resto de América. Si bien Mondolfi no encuentra comprobación de una vinculación entre ambos hechos, es indudable que a partir del atentado contra Betancourt y el aislamiento que como consecuencia de éste recibiera de la comunidad internacional, el largo mandato de Trujillo entró en un indetenible proceso de agotamiento y descomposición. Sin duda, un valioso aporte del autor para profundizar en la historia contemporánea de Venezuela.