• Caracas (Venezuela)

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Pedro Llorens

Escuela de farsantes

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Si no tuvieran peores pecados, culpas, delitos, bastaría la manipulación despreciable que los rompicoglione gobernantes han venido haciendo de los medios de comunicación del Estado, convertidos en instrumento de guerra sucia, descarada y cobarde, para condenarlos en cualquier tribunal honesto del planeta (descartado el sistema judicial venezolano).

Que el difunto Corazón de Mi Patria convirtiera Venezolana de Televisión en guarida de mangarranes puede entenderse por su condición de farsante, fingidor y embustero: ignorante de su propia ignorancia, pasaba sobre cargos, poderes y fueros con el desparpajo de quien cree en su propia comedia.

Ahora que supuestamente está de comisión en el cielo, al igual que los dólares eyectados misteriosamente de la administración pública, intentará convencer a ángeles, arcángeles y demás espíritus celestes de la conveniencia de abogar por su canonización en la tierra, en virtud de su empeño en convertir a Venezuela en una potencia económica, política, social y deportiva, que no llevó a cabo por culpa de la “derecha apátrida”.

El Bigotón Pánfilo, también ignorante de todas las ignorancias, impuesto por un dedazo desde La Habana, sede del poder tutelar de la revolución bolivariana, exagera promesas, recorta realizaciones y exacerba amenazas hasta límites desconocidos en el país, aun en tiempos de dictadura, capaces de revivir zambombazos, tan fascistas como la cayapa, la arremetida y el asalto a establecimientos comerciales por hordas, turbas, avalanchas, oficiales y oficialistas.   

El empeño en hacer la barba, festejar y consentir a militares, mientras agrede, calumnia, atropella y encarcela a todo el que identifica abiertamente como “enemigo” (su populismo exacerbado manipula con promesas y medidas efectistas a los sectores más empobrecidos y desprevenidos mientras el ex dirigente sindical desconoce el derecho a la contratación colectiva a los trabajadores de su propio partido), tendrá sus consecuencias si no deja de ejercer la violencia como única respuesta a la protesta (bastante atenuada por cierto) por las barrabasadas del gobierno. 

No todos los militares prefieren a Verdi (Nel ciel, tra gli angeli, prega per lei, per te. La Traviata) que a Vivaldi, pero todos acuden a “poner orden” cuando se prometen pendejadas como “pulverizar el dólar paralelo” (dijo el dojo dojito de Pdvsa) y, en lugar de mejorar las cosas, lo agravan todo.