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Armando Durán

China y el precio de la salvación

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A la hora de escribir estas líneas, viernes a media mañana, Nicolás Maduro estará llegando a China, durante estos últimos años la gran salvadora del régimen chavista. Atrás deja Maduro una Venezuela agobiada y bajo amenaza, no de los sabotajes y las conspiraciones que menciona el régimen a todas horas como pretexto para justificar el penoso fracaso de su gestión, sino del triple enemigo que lleva oculto en sus propias entrañas. Incapacidad, ceguera y corrupción.

Unas pequeñas muestras del gran disparate nacional nos lo ofrece hoy la prensa, sin duda afilada punta de lanza que ablanda inexorablemente la firmeza defensiva de la revolución, sólo con decir la verdad. De ellas, la que más me ha llamado la atención es la que se refiere a la penuria física y técnica de los puertos de Venezuela para realizar sus tareas normales de carga y descarga de mercancías. Por ejemplo, 27 buques esperan desde hace muchos días frente a los muelles de Puerto Cabello, casi 350.000 toneladas de alimentos perecederos en sus bodegas.

Por otra parte leemos que, entre enero y abril de este año, la importación de alimentos y bebidas experimentó un incremento de casi 40% con respecto a 2012. Esta situación se agrava, según Econométrica, porque en 2013 el déficit de divisas necesarias para financiar las importaciones, o sea, casi todo lo que consumimos, rondará los 8.000 millones de dólares. Un anuncio que a su vez constituye una seria advertencia al mecanismo que, aunque todavía no ha sido definido con precisión por el Gobierno, se pretende implementar al regreso de Maduro a Venezuela. ¿A qué tasas de cambio mínimas y máximas se negociarán estos dólares “flotantes” y cuántos miles de millones de billetes verdes se necesitarán para satisfacer la actual necesidad de importar y consumir, y el desmesurado exceso de liquidez monetaria en bolívares?

El objetivo central de este viaje de Maduro a China no es un secreto para nadie: suministrarles a las muy secas arcas públicas una revitalizadora inyección de 5.000 millones de dólares que le permita al Gobierno navegar con cierto desahogo por las turbulentas aguas financieras del momento hasta fin de año. Después ya veremos. En estos momentos el compromiso de Venezuela con Pekín comprende la entrega de 640.000 barriles diarios de petróleo, ¿cuánto más a partir de esta semana? Añadamos que la producción de Pdvsa se encuentra en franca decadencia, que la demanda interna de hidrocarburos ya alcanza los 800.000 barriles diarios y que los insoportables compromisos de suministro petrolero altamente subsidiado contraídos con países amigos de América Latina y el Caribe afecta la capacidad de pagos del país. A todas luces, un cuadro muy desalentador.

Por otra parte, como de este nuevo empréstito ni un solo dólar está destinado a la inversión sino al consumo más elemental, cabe preguntarse cómo y con qué el gobierno Maduro enfrentará las exigencias que vendrán con el nuevo año, de qué manera piensa frenar esta loca carrera hacia ese punto sin duda indefinido pero, tal como van las cosas, también inevitable del colapso total de la economía y las finanzas venezolanas.

La experiencia nos indica que en esta China de dos sistemas los intereses económicos nada tienen que ver con la ideología, mucho menos con la solidaridad internacional. Pregúntenle al Gobierno cubano cuál fue la respuesta china a sus planteamientos de ayuda económica y financiera para superar la catástrofe que significó la caída del Muro de Berlín. China no es la Unión Soviética, sostuvieron los funcionarios chinos a lo largo de aquellos duros años del llamado período especial en Cuba. Y no soltaron un solo centavo. Es decir, que una cosa es dolerse de los problemas de un pueblo hermano y otra muy distinta darle ayuda material gratis. En China todo tiene un precio y no importa de qué color sea el gato. Lo que cuenta es la capacidad de los gobiernos para pagar sus deudas.

Por esta simple razón aritmética, cada día una porción mayor de nuestra producción de petróleo tiene a China como destino. ¿A qué precio real? ¿Con qué descuento? Y, sobre todo, ¿cuáles son los acuerdos en marcha con China con la franja bituminosa del Orinoco como irremplazable objeto de su deseo? ¿No será esa la joya de la corona que poco a poco, en condiciones muy favorables, irá pasando a manos chinas, futuro rival industrial de Estados Unidos pero sin fuentes de energía propias?

Al emprender su viaje a Pekín, Maduro, más optimista que nunca, exclamó: ¡Son tiempos de cosecha! No aclaró, sin embargo, quién va a recoger esa cosecha.