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Maritza Izaguirre

Reconocer el pasado

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En fecha reciente, la Academia Nacional de Medicina celebró una sesión extraordinaria en homenaje a miembros ya fallecidos que cumplirían este año 100 de haber nacido. Entre ellos se encontraban médicos distinguidos y reconocidos, incluido mi padre, Pablo Izaguirre, y sus compañeros de ruta, los doctores Montbrun, Paz, Rísquez, y Valencia Parpasen.

El acto sirvió para que los asistentes, académicos activos, amigos y familiares de los homenajeados pudiéramos apreciar su contribución al progreso de la medicina venezolana en el siglo XX. Además de reconocer el papel de su casa de estudios, la universidad venezolana, en la vida de cada uno de ellos.

En ella recibieron su formación inicial en un ambiente que, con sus limitaciones, les permitió titularse con los conocimientos necesarios como para proseguir estudios en el exterior en centros de excelencia. A su regreso se incorporaron a la carrera docente, fortalecieron y modernizaron la enseñanza de la medicina y formaron a las nuevas generaciones destinadas a satisfacer las necesidades de una población que requería de servicios especializados.

Vinculados a la docencia, se percataron de la importancia de la investigación y de la necesidad de contar en los centros con unidades destinadas a conocer la realidad nacional, por una parte; y por la otra, compartir y comunicar los avances del conocimiento especializado. De allí su participación en la fundación de las sociedades científicas locales y su vinculación con el mundo exterior, cultivando la relación con las redes especializadas en cada uno de sus campos.

Todos ejercieron por largos años la medicina, contribuyeron a fortalecer la calidad de la red hospitalaria pública, y en el ejercicio privado atendieron a miles de pacientes. Siempre con patrones de conducta éticos y solidarios con las distintas organizaciones sin fines de lucro que comenzaban a emerger en la Venezuela de mediados del siglo pasado, dirigidas a satisfacer las carencias de la población de menores recursos.

Pudimos apreciar, además, su herencia, quizá la más importante para cada unos de nosotros, haber construido familia y trasmitido con el ejemplo la conducta digna, el respeto al conocimiento y el compromiso con el país donde crecieron, se superaron y contribuyeron a mejorar la calidad de vida de muchos mediante su ejercicio profesional.

Nuestro agradecimiento a la academia por el gesto, y un sentimiento solidario con la UCV y su defensa de la autonomía, honremos así la brillante tradición de sus egresados centenarios.