• Caracas (Venezuela)

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Antonio Pasquali

Pequeña radiografía de un diálogo nonato

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Maduro quedará en las memorias, cual un pequeño Carujo, por sus violencias para hacer méritos, colosales falseamientos de la historia y variopintos actos fallidos. Hace días, fingiendo ignorar los incontables millones de asesinados por Stalin, Mao, Kim Il-sung y Pol Pot, inventó que “la criminalidad y la violencia… ese cóctel mortal de la cultura hollywoodense… tienen un viejo creador, el capitalismo”. Poco antes había llamado a la oposición a que subiera a palacio a negociar, con un memorable oxímoron moral: “¡Vengan a dialogar, cobardes!”..., inédito modelo de invitación con insulto incluido, una contradictio in terminis que la MUD pudo sopesar más y mejor.

Pero era apenas un agorero prologuillo. Al nomás formalizarse el encuentro, los insultos, amenazas, encarcelamientos, juicios fulminantes, violaciones de los fueros parlamentario y electoral, asaltos de colectivos, ensañamiento judicial, aplicación de la Ley Antiterrorista y gas del bueno no solo no amainaron (hubiera sido lo normal) sino aumentaron, como informando que el régimen no daría paso atrás. Con otra extemporánea arrogancia (crimen que los dioses de la tragedia griega castigaban sin piedad) la dictadura no solo excluyó rudamente cualquier buen gesto de sobreseimiento, sino que llegó a irrespetar el tradicional “alto el fuego” que rige desde la noche de los tiempos entre contrincantes en negociación, y ordenó a sus arpías redoblar disparos para “pulverizar el enemigo” aún en tregua dialogante. Maduro dio el ejemplo tildando al estudiantado insumiso de “bandidos guarimberos fascistas”, a la oposición entera de “destructiva y caótica” y otras similares gentilezas. La MUD no se inmutó.

Semejantes preámbulos permitían sospechar que el “diálogo” podía devenir en un arma más de la “pulverización”. Explícitas declaraciones oficiales vinieron a precisar en plena “negociación” que sospechas no eran sino certezas, y que el “diálogo” admitiría a lo sumo algún desahogo verbal pero terminaría siendo una imposición de agenda y de instructivos a la disidencia. Las tres declaraciones más relevantes en ese sentido fueron la genérica de Maduro “Esa oligarquía no volverá (al poder) ni por golpe ni por votos… no podrán con nosotros”, y las específicas de Cabello y Jaua (quién sabe si dirigidas también a Maduro): “Ningún tipo de pacto… acuerdo ni negociación con la oposición”, y: “Maduro no firmará ninguna negociación con la oposición… la revolución llevará su ritmo histórico que le permitirá seguir siendo viable”. En suma: negación totalitaria de la alternabilidad democrática, e inutilidad absoluta, plena y total de un diálogo que no alterará en lo más mínimo la marcha a la suprema felicidad comunista. La MUD no pidió aclaratorias, ni denunció el engaño ni se retiró de palacio.

El cubanizado régimen está mareando el país con una catarata de resoluciones  cuyas circunvoluciones retóricas mal disfrazan sus propósitos finales: el Plan de la Patria (con su objetivo 2 de la hegemonía global), el “Movimiento por la Paz y la Vida”, un “Plan de Pacificación”, los “Diálogos de Paz por Venezuela”, un “Consejo Nacional de Derechos Humanos (totalitariamente compuesto de trece funcionarios públicos y tres ONG escogidas por el régimen…), una “Comisión de la Verdad” (arteramente compuesta solo por  partes afectadas; la homónima de 2012, para los crímenes de la cuarta República, también era de puros funcionarios chavistas y representantes de las víctimas…). Propósitos ya evidentes del régimen: aprovechar el “diálogo” para venderle a cierta disidencia esta fumosa y tóxica mercancía, y sabotear toda negociación puntual sobre violaciones de la Constitución, terrorismo de Estado, niveles mortales de inseguridad con 100.000 homicidas en la calle, presencia indeseada del invasor cubano, grave escasez de alimentos y medicinas, la peor inflación del mundo, opacidad en relaciones internacionales, agonía del pluralismo en comunicaciones. Todo indica que el nonato diálogo fenecerá sin nada bueno para el destino de la República.

apasquali66@yahoo.com