• Caracas (Venezuela)

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Antonio Ledezma

Por un esfuerzo unitario

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Y ustedes, ¿cuándo van a dialogar? Con esa pregunta, disparada como si fuera un misil, me abordó una ciudadana a las puertas de un centro de salud de nuestra ciudad. De inmediato absorbí la intención de su lapidaria interrogante, porque para nada se refería al efímero encuentro sostenido por algunos compañeros de la MUD con los jerarcas del régimen el pasado 10 de abril, sino que me emplazaba a fijar posición sobre lo que preocupa a muchos venezolanos: la suerte de la unidad.

Se trata de un destino incierto, porque si no somos capaces de dialogar entre nosotros para definir una estrategia, y acto seguido elaborar una agenda compartida, estaremos a merced de un gobierno que goza metiendo su cuchillo como el que entierra su daga en una panela de mantequilla.

Sin mayores esfuerzos desbaratan una alianza que fue labrada con persistencia y que ha sabido acumular éxitos, nada desdeñables, si los contrastamos con las adversidades con que hemos tenido que lidiar para empujar todos nuestros proyectos. Luchamos contra un régimen hegemónico, porque tiene la supremacía comunicacional, cada día más penetrante. Un régimen que reprime con gases, perdigones, balas, pero también con tribunales, fiscales y policías dispuestos a montar cualquier expediente para declarar “culpable” a quien se convierta en un estorbo en el camino de esta “revolución”. 

Además, estamos en presencia de un régimen dirigido por quienes lucen dispuestos a echar el resto con tal de preservar el poder. Eso incluye rematar lo que queda de Venezuela. El cerco mediático que instala el régimen es lo que les queda, después de haber derrochado miles de millones de dólares, para tratar de engañar a la ciudadanía.

La orden es comprar todos los medios, al precio que sea. La revolución está por encima de cualquier tarifa. Porque dependen de eso, de la mentira manipulada mediáticamente y de la represión. Por eso con una feroz reprimenda tratan de parar a un pueblo que ha salido a las calles, como ocurrió entre febrero y marzo de este año (se realizaron 3.671 manifestaciones, según cifras del OVCS) y no para matar a nadie o para convalidar a supuestos militares relacionados con un hipotético golpe de Estado, sino para exteriorizar su disgusto ante la crisis general que es inocultable.

Y es porque no hay comida, ni medicinas, ni agua, ni gas, ni luz ni seguridad, mientras se dilapidan torrentes de recursos públicos que no encuentran cómo explicar o justificar. ¿Ante este cuadro no podemos concluir que es indispensable articular un esfuerzo unitario capaz de salvar a Venezuela? Es hora de dialogar entre nosotros mismos, de retomar el concepto de unidad en la calle, con objetivos precisos conectados con una estrategia común que le sirva a los intereses del país al que nos debemos.