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Andrés Cañizález

Consalvi en clave de enigma

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Aproveché unos días de vacaciones, con una pausa en las labores habituales durante el mes de agosto, y, entre otras lecturas, literalmente me devoré en poco tiempo el libro El enigma SAC de María Teresa Romero, que fue editado este año por editorial Alfa. El acrónimo al que apela María Teresa fue la forma en la que muchas personas conocimos a Simón Alberto Consalvi, fallecido en marzo de este año tras una fructífera vida que tuvo diversas facetas como periodista, intelectual, diplomático y político.

El principal logro de esta muy documentada y acuciosa biografía tal vez resida en eso, en presentar las múltiples caras de este hombre, uno de los intelectuales públicos más importantes del siglo XX venezolano, con influencia, sin duda, también en este primer tramo del siglo XXI, como lo demostró con sus capacidades para analizar, escribir y gerenciar proyectos culturales y editoriales, que puso en práctica literalmente hasta el momento de su muerte.

María Teresa logra describir desde el inicio la imagen enigmática que para muchos representó SAC. Sin duda, se trató de una persona avocada a la defensa de la democracia y a la promoción cultural, lo que le llevó a ocupar muy altos cargos oficiales, diplomáticos y periodísticos, con lo cual tuvo una faceta pública notable. Pero al mismo tiempo guardó con cierto celo su vida personal, de la cual tenemos detalles hasta ahora desconocidos justamente gracias a esta biografía.

Ya el periodista Ramón Hernández en la larga conversación que tuvo con Consalvi, titulada Contra el olvido (igualmente editada por Alfa en 2011), retrató el pensamiento y la visión del país que había cimentado SAC en sus largas décadas de protagonista de primera fila de la vida nacional. Aquel recuento en el cual se funden la participación de Consalvi en importantes acontecimientos del siglo pasado con su lectura macerada por el paso de los años al momento de conversar con Hernández, encuentra en esta nueva publicación de Romero el necesario complemento para conocer a fondo al personaje.

En estas páginas de reciente edición no sólo logramos conocer la historia personal, humana, detrás de la figura pública, sino, y lo considero lo más importante, lo que fue la notable frustración de Consalvi con la erosión progresiva que vivió el modelo democrático, de conciliación de élites, que arrancó en 1958.

Si bien SAC fue reservado en relación con su vida privada, al tiempo que ejerció durante casi toda su vida adulta diferentes funciones que lo mantuvieron en la escena pública nacional e internacional, fue guardando de forma minuciosa en su archivo personal una cantidad de anécdotas, apuntes, comentarios que vertieron sobre él, notas sobre sucesos familiares, etcétera, que fueron precisamente la base en la que se apoyó María Teresa para reconstruir la imagen de este hombre que, generoso como pocos en las posiciones de poder que ocupó, al mismo tiempo no hizo alarde sobre las oportunidades que a muchos nos brindó en los proyectos y cargos que tuvo a su cargo.

Envuelto en el humo del inseparable tabaco o escudado en la formulación de preguntas con lo cual ejercía de paciente escucha, Consalvi hablaba poco de sí mismo, al menos esa fue mi propia vivencia desde que comencé a tratarle en persona, en un momento en el cual –además– me brindó un respaldo en relación con mi papel como articulista de prensa. Se trataba de un papel que ya él –por cierto– había ejercido desde muy joven y que mantuvo siempre, incluso con seudónimos cuando sus posiciones políticas o diplomáticas más bien le recomendaban silencio y mesura.

Hace poco leí un comentario de Edgardo Mondolfi sobre esta biografía de SAC. Me sorprendió su confesión de que pese a la larga amistad que mantuvo con Consalvi, en realidad leyendo el texto de Romero fue que pudo conocer ciertos detalles de la vida de Simón Alberto. Esto no sólo habla bien del libro de María Teresa, sino que precisamente termina de retratar al biografiado, a este SAC, en clave de enigma.