• Caracas (Venezuela)

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Marianella Salazar

Sampablera electrónica

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El sábado cuando iba conduciendo por la avenida Río de Janeiro, pude presenciar, frente a Daka de Bello Monte, las hordas que obedecían el irresponsable mandato presidencial de dejar vacíos los anaqueles de electrodomésticos. El caos reinante en la zona, que simultáneamente se producía en casi todas las tiendas de electrodomésticos del país, en la mayoría de los casos, contó con la presencia de la Guardia Nacional, que en Bello Monte intentó imponerse disparando algún perdigón, pero no hizo mella en los presentes, que en vez de dispersarse se agruparon dispuestos a entrar, a como diera lugar, para obtener el botín.

Fue una visión estremecedora, con el agravante de quedar atrapada en una cola, a merced de los asaltantes, que en casos similares actúan impunemente –como pasó durante el saqueo del camión de carne procedente de Colombia, en la autopista del este– y con la colaboración incluso de funcionarios policiales. La situación ha sido mucho peor en los casos de saqueo, donde se programó la ausencia de los cuerpos policiales, o donde algunos de sus miembros participaron de la expoliación, como puede constatarse en imágenes que navegan a través de las redes sociales.

Los individuos que han participado en la sampablera electrónica, los que también han querido aprovechar la golilla de hacerse con plasmas y neveras importados –los últimos que se encontraran en el país hasta que venga otro gobierno que ordene la economía–, esos que han participado en la rapiña, desvalijando comercios, han obrado sin ningún tipo de escrúpulos con el mismo afán de saqueo que ha definido la cultura política del chavismo durante los últimos quince años.


Inminente hambruna

El hombre nuevo creado por la revolución no acata sino las leyes de la selva. La barbarie no es una sensación, es un componente de la crisis terminal que estamos presenciando y sufriendo, es una fase violenta del cambio y el fin de un proceso histórico que se acelera en manos de un elemento como Maduro, que instiga a delinquir y se ufana de su conducta inmoral.

La degradación del régimen ha llegado a su más nivel más bajo al propiciar el caos y la anarquía, cuando perfectamente pudo aplicar los instrumentos legales vigentes, para poner un freno a la especulación y penalizar a los usureros, que se aprovecharon del control de cambio para justificar los desorbitantes precios de los productos importados.

El gobierno tiene el mismo concepto de “suprema felicidad” de los atracadores que azotan diariamente a la población, que se sienten supremamente felices cuando despojan con violencia a los ciudadanos de sus pertenencias. Exactamente igual sucede con los que han obtenido televisores y neveras sin costo alguno. Las medidas han sido tomadas para diluir los efectos del desabastecimiento de productos de primera necesidad y la inminente hambruna que ya se comienza a sentir y se agudizará en las próximas semanas.

En pocos meses usurpando la Presidencia, Maduro no ha hecho otra cosa que humillarnos, condenarnos a la pobreza y lesionar al pueblo en su dignidad. Ha llegado el momento de cambiar de rumbo, el descontento de la población civil comienza a expresarse en movilizaciones como la de los “autoconvocados”, que el gobierno intentó ahogar con su llamado al saqueo de los comercios. Sin embargo, la capacidad de indignación, que es el motor para reaccionar, no está vacía, solo falta un liderazgo que no ande cuidando “espacios” exclusivamente, que venza el miedo, que convoque y canalice esas manifestaciones para rescatar los valores morales y lograr el cambio definitivo.