• Caracas (Venezuela)

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Álvaro Requena

Redundancia masiva

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Es triste ver cómo en este país no avanzamos como nación, retrocedemos como Estado y se empastela el Gobierno y la gobernabilidad.

El Gobierno ha perdido la sindéresis y la inventiva. No sólo se desesperan y tiran palos a todo mogote, también repiten hasta el fastidio las acciones del pasado: “Digan que sí, síganles la corriente, el tiempo y la falta de respuestas, harán lo suyo y pronto se cansarán”. Ejemplos fueron: la mesa de diálogo, las acciones contra la plaza Altamira, la institucionalización de las milicias, de los consejos comunales, del comunismo como tal y la infinidad de reclamos y denuncias públicas desenmascarando al Gobierno, que no llegan a ningún sitio. El Gobierno sí ha llegado a sitios y logros que ansiaban, aunque estos no sean los modelos que los demás queremos y que electoralmente hemos rechazado, ni sean los que convengan al país ni a ellos mismos.

Pero así son las cosas, lo que ha importado no es echar para delante y tener un país que “brinde la mayor suma de bienestar a su pueblo”. Lo que ha importado es que ese bienestar sea para unos pocos que se creen investidos con un mandato de ser los apóstoles de una revolución que nadie entiende y al menos la mitad o más de los venezolanos no desean.

Lo inmediato, lo que viene, es igual al pasado, quizá un poco más exagerado, pero igual: redundante.

Los reclamos no prosperarán, la “auditoría”, así entre comillas, no resultará. Aunque hubiese resultados claros y definitivos que demuestren el fraude, nunca serán aceptados por el CNE. Ya lo dijeron claramente e insistieron.

La impugnación, tampoco. ¿Ante quién impugnar, ante un Tribunal Supremo de Justicia del cual su presidenta ya emitió opinión en contra de la oposición; ante una Asamblea Nacional cuya mayoría se pronunció, violenta y anticonstitucionalmente?

¿Las instancias internacionales? Bien gracias. Oyen, discuten y archivan. No pueden actuar. Están atadas, secuestradas por el falso respeto, tratados internacionales a los que no les paran bolas ni aquí ni allá, de los cuales la Carta Democrática es un ejemplo, y las ventajas económicas y financieras que el Gobierno dio y todavía ofrece.

Ese es el triste y redundante panorama.

Pero no desalentemos, de peores hemos salido. De hecho, en este momento, hay mucha más gente dispuesta, activa y decidida a darlo todo por Venezuela, que hace 6 meses y que hace 12 días. Y eso, no es redundante.

Somos una mayoría que crece acogotada y ahogada por la minoría chavista, pero crecemos y crecemos, recibiendo maltratos, injusticias, insultos y con poco apoyo mediático, pero seguimos creciendo. Ellos no.

La redundancia es un error político severo y definitivo. La creatividad, la firmeza y la constancia, no. A la larga tendremos para todos la nación que deseamos.

No desalentar es la consigna. Venezuela es otra.Otra vez.