• Caracas (Venezuela)

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Venezuela está picada en dos mitades. Una es más grande que otra. Yo creo y tengo cómo demostrarlo, que la mitad mayor quiere salir de este gobierno, pero tienes todo el derecho de creer que quienes así pensamos somos la mitad menor. En tu reciente artículo, “Maduro vs María Corina”, señalas, con mucha razón, que esa división del país trae consigo riesgos de confrontación y de violencia que debemos tratar de evitar. Planteas también que la mejor forma de evitar esos riesgos es que las dos mitades dialoguen entre sí. Hasta allí también tienes razón.

Pero ocurre que para que pueda haber diálogo, deben reunirse algunos prerrequisitos. A ver:

1) El diálogo debe producirse entre los líderes de ambas mitades. Corresponde a cada una de ellas seleccionar quiénes serán los participantes en el proceso. La oposición está plenamente dispuesta a dialogar con Nicolás Maduro, con Diosdado Cabello o con quienquiera que el oficialismo designe. Esto sin condicionamiento alguno. No puede Capriles decir que no dialoga con Maduro porque considera que es un presidente ilegítimo, como no puede Maduro condicionar el diálogo con Capriles a que este lo reconozca como vencedor de las elecciones del pasado 14 de abril. Máxime cuando a pesar de la promesa del propio Maduro no se hizo la auditoría de los votos y el Tribunal Supremo de Justicia declaró sin lugar, sin discutirla, la impugnación del proceso electoral. Ya tenemos experiencia de un proceso de diálogo auspiciado por Chávez en el cual el oficialismo estableció la lista de opositores con quienes dialogaría.

2) Las partes que van a sentarse a dialogar deben respetarse. No es fácil hablar con quien te califica diariamente de apátrida, lacayo del imperialismo, vendepatria, fascista, asesino, parásito y ladrón. No es fácil hablar con quien pretende someterte primero a un examen psiquiátrico, lo que a todos nos recuerda el sistema soviético. Dirás que la oposición no dispara flores hacia el régimen, y tienes razón. Pero te puedo destacar algunas diferencias: en primer lugar, no incurre en descalificaciones personales, no es esa su forma de concebir la política. Pero entremos al detalle. ¿Cuáles son los aspectos del discurso opositor que Maduro puede considerar “insultantes”? En primer lugar, la ilegitimidad. Ya te indiqué que existía una manera de establecer definitivamente la legitimidad del gobierno, y Maduro la desechó: el recuento de los votos y el examen de las denuncias de fraude. En segundo lugar, dice la oposición que el gobierno pretende llevarnos al castrocomunismo. Te puede enseñar un archivo completo que demuestra que este propósito es confeso, tanto por parte de Maduro como por parte de Hugo Chávez. ¿Te acuerdas del mar de la felicidad? Tú más que nadie sabes que esto no es una infamia. Se le acusa también de acatar instrucciones de Cuba. ¿Dudas acaso de la presencia en Venezuela de oficiales y agentes cubanos en la Fuerza Armada, en nuestras embajadas, en el manejo de los registros y notarías, en los puertos, en muchas negociaciones comerciales internacionales y en la conducción de algunas misiones? Se pone en duda la nacionalidad de Maduro. Es una acusación grave, pero te pregunto ¿a quién corresponde la carga de la prueba? ¿Te parece suficiente enseñar “de lejitos” una copia certificada de una partida de nacimiento cuya originalidad nadie puede comprobar? Se le acusa de ser negligente en la defensa de la integridad territorial. Pero cuando la armada, de la cual funge como comandante en jefe actúa con energía, se le aplaude.

3) Una tercera y muy fundamentada condición para el diálogo es el respeto a la Constitución. No cabría en estas líneas la enumeración de las violaciones de la carta magna en las que incurre diariamente el gobierno. Eso sería, además, materia sobre la cual habría que discutir en la mesa de diálogo. Lo que sí te puedo decir es que te alejas mucho de la verdad cuando afirmas que María Corina Machado propone una estrategia de “dudosa constitucionalidad”. La impugnación de los resultados electorales, la renuncia del jefe del Estado y la convocatoria a una Asamblea Constituyente están expresamente previstas en la Constitución. Te recomiendo su relectura, ya que parecieras haber olvidado lo que firmaste. La acusas también de querer “desestabilizar política y económicamente al país”. ¿Crees acaso que el actual desastre político y económico es responsabilidad de ella?

No eres el único que piensa que la ausencia de diálogo es una responsabilidad que comparten por igual tanto del gobierno como de la oposición. No es fácil dialogar con quien te insulta, te reprime, te golpea (físicamente), quien amenaza con llevarte a la cárcel o al manicomio y que tiene el poder para hacerlo. Sin embargo, y a pesar de todo, la oposición está dispuesta a dialogar.

Capriles ha planteado que el 8-D Venezuela podrá escoger entre el país de Maduro y el cambio. Los venezolanos vamos a votar por el cambio gracias a una gran movilización popular que derrotará a la trampa. El 9 de diciembre tendrá entonces mucha más fuerza para exigir la renuncia de un presidente ilegítimo y para plantear nuevas elecciones presidenciales, libres, justas y limpias. Todo dentro de la Constitución. La oposición no desestabiliza, de eso se ocupa Maduro.