• Caracas (Venezuela)

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Álvaro Requena

Fútil y peligroso

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Una de las desgracias más difundidas en la historia, es la incitación y seducción de grandes poblaciones a vivir en una inagotable e inalcanzable expectativa, pero que, por presentarse de una forma casi mágica y hasta divina, llena el alma de esperanzas vanas y fantasías de poder, riqueza y felicidad, sólo alcanzables a través de los oficios de quienes las ofertan en sus discursos y en sus acciones y despliegues de poder omnímodo, absoluto e inconsulto, envidiado y contagiable hasta para el más mísero y endeble humano.

De esa miope y fantástica visión, proyectada por algunos líderes políticos y religiosos, han surgido terribles consecuencias para la humanidad. Tanto para los imbuidos de ese espíritu fantasioso, como para las víctimas de las realidades impuestas por esos apasionados ilusos. Consecuencias como los cambios en la distribución geopolítica del planeta y la inhibición de las posibilidades de desarrollo de los pueblos, permaneciendo algunos en la oscuridad del ínfimo mejorar y surgiendo otros hacia una refulgencia desprovista de solidaridad y cargada de manipulación y aprovechamiento del rezago de sus semejantes.

Escondidos bajo el manto de un razonamiento lógico, aparentemente aplastante, coloreado por una moralidad pacata y personalísima, son planteadas situaciones que distribuyen el poder y la riqueza de forma obligante y cómplice entre los elegidos y pretenden subyugar al resto en la convivencia forzada con sus verdugos.

Bien, pues, de eso se trata lo que estamos viviendo en este país desde 1998, y a pesar de que mentes esclarecidas, como el finado Luis Castro Leiva, nos advirtieron de esos peligros y las situaciones planteadas por el perverso discurso de ciertos líderes políticos, las cosas siguen igual. Decía él de Chávez, en “El gerente de la violencia” (El Universal; febrero 20, 1998): “…Perdonará usted que le diga que usted no sabe pensar y que lo que piensa no vale la pena pensarse…”.

Desde entonces, las cosas no han cambiado y el pensamiento inútil, fútil y vano continúa. Cada vez nos acercamos más al punto en el que para mantener la hegemonía del poder se hace necesaria la fantasía todopoderosa de la fuerza, el control y la obediencia absoluta. Ese es el peligro. Quizá sea por eso que en el presupuesto de 2014 aumentan los gastos en armamento y disminuyen los de educación, salud y construcción de viviendas.

Además, el gobierno ha incrementado el control de los medios de información y redes sociales, y disimula nombrando un viceministro para la Suprema Felicidad Social del Pueblo. Situación resuelta por decreto y acción compulsoria, pues está claro que hoy, aquí, en Venezuela, tal felicidad no es alcanzable por los medios que pensó Simón Bolívar: como consecuencia natural y lógica del mejor gobierno y administración posible del Estado.