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Fausto Masó

¿En qué mundo vive Maduro?

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A los chinos les estamos comprando 5.000 camiones. Los chinos hacen negocios, nosotros rompemos récords de oratoria. Por ahora, nos compra el petróleo; si levantaran las sanciones contra Irán, China volvería a abastecerse de su suplidor natural, Irán. Chávez inocentemente ayudó al bloqueo económico de Estados Unidos contra Teherán, les permitió a los chinos proveerse de petróleo barato y complacer así a Washington. Cosas de la vida: Chávez cooperó con el imperialismo.

El gobierno vive en plena fantasía, atribuye el desabastecimiento a la mala distribución de los productos que importa y quiere con 5.000 camiones organizar un gigantesco aparato de distribución. No hay nada tan complejo como distribuir alimentos; nunca han manejado un aparato de distribución, porque para importar solo se requieren dólares, pero en cambio para abastecer los miles de puntos de ventas que hay en Venezuela se necesita una organización eficaz. El desastre de Pudreval quedará chiquito frente al inevitable fracaso de ese plan de distribución gigantesco. Prepárense para ver los 5.000 camiones convertidos en chatarra. ¿Dónde los esconderán?

Todo esto indica el desconcierto oficial; todavía siguen creyendo que dando órdenes desde Miraflores se mueve una economía moderna. Todos pagaremos el costo de este error. La inflación no disminuirá y el desabastecimiento aumentará.

Algo parece claro, a esta altura el gobierno no suspenderá las elecciones, a menos que sectores de la oposición le ofrezcan la oportunidad en bandeja de plata. A pesar de las críticas injustas, nunca la oposición ha estado en una situación mejor, tiene la posibilidad de mostrar internacionalmente que representa una mayoría, incluso en sectores populares del oeste de Caracas, si la unidad se impone. Hablar y hablar es la estrategia oficial para estas elecciones, resulta asombrosa la imprevista locuacidad de Nicolás Maduro.

Hay algo desesperado en decretar el 8 de diciembre el día del finado Chávez, no hay otro argumento político que la devoción hacia Chávez; esta maniobra pone en evidencia el abismo que hay entre el pasado presidente y el inquilino de Miraflores. Con paciencia soportamos la cadena del pasado miércoles; había prometido anuncios sobre el dólar paralelo, cambios en la política económica, decisiones de peso. Quizá en algún momento de su larga perorata trató esos temas pero la mayoría de los que lo escuchaban no se enteraron, abrumados por una serie de lugares comunes, repeticiones. Maduro está montado sobre un tigre, cambiar de rumbo le costaría demasiado, no cambiar también. Los enemigos peligrosos de Maduro están entre los que lo aplauden en Miraflores.

Al gobierno hoy lo financia la emisión constante de dinero del Banco Central y el apoderarse de los ahorros de los venezolanos en la banca privada. Si mañana subieran los intereses para recompensar a los ahorristas la deuda oficial se multiplicaría y acreedores y deudores quebrarían. No le queda otro remedio al gobierno que continuar el rumbo económico: la inflación de octubre llegó a 5% y la anual se acerca a 50%.

Mientras compramos 5.000 camiones, gastamos cientos de millones de dólares en corredores de autos, fallecen los enfermos de cáncer porque no funcionan los equipos de radicación, nunca les pagaron a los argentinos el contrato de mantenimiento.

¿En qué mundo vive Maduro?

¡Que lo despierten!