• Caracas (Venezuela)

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Ignacio Ávalos

Globesidad y economía

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I.

El presidente Maduro se refirió al tema hace unos días. Señaló, palabras más, palabras menos, que en Venezuela la obesidad se estaba perfilando como un problema serio de salud pública. En parecido sentido, a finales del mes pasado, el Gobierno mexicano indicó que los números colocaban a México en el primer lugar en el mundo en lo que se refiere a la proporción de personas obesas y, en consecuencia, anunciaba un plan de información para advertir sobre los riesgos de la comida rápida y de los refrescos.

En Estados Unidos, en donde hay más “cultura del dato”, según la expresión que solía usar el recordado profesor Manuel Bemporá, las alarmas están encendidas desde hace un tiempo. Y no es para menos: las cifras más recientes muestran que dos terceras partes de la población norteamericana sufren de obesidad o sobrepeso (18% de los niños). Si se mantiene la tendencia, indican los brujos de la estadística, 42% por ciento de la población adulta en el año 2030 sufrirá problemas de obesidad, a la par que llaman la atención sobre la profundización del vínculo entre gordura y pobreza.

Por su parte, distintos organismos internacionales han hablado recientemente de una pandemia a escala mundial –se habla de la “globesidad”– y muestran, entre otros datos angustiosos, que cada año mueren en el planeta, alrededor de 3 millones de personas a causa de la obesidad o el sobrepeso, esto sin mencionar el largo rosario de complicaciones en la salud de las personas: diabetes, trastornos del corazón, hipertensión, riesgo de cáncer y varias enfermedades crónicas, lo que arroja como resultado una vida complicada de vivir.

 

II.

Más allá de ciertos desacomodos en el funcionamiento del cuerpo, el gordo se fabrica por comer mucho, mal y con premura, además de llevar una vida sedentaria. Pero el asunto tiene, así mismo, aristas económicas fundamentales. Un vistazo rápido señala que a lo largo de los últimos años ha cobrado forma un proceso de industrialización que, gracias a innovaciones tecnológicas y organizativas llevadas a cabo en nombre de las sagradas economías de escala, ha logrado abaratar el precio de los alimentos, y los ha homogeneizado mediante sistemas que buscan cantidad más que calidad, esto es, ser rentables más que saludables. Transgénicos, concentración insalubre de animales alimentados de manera inadecuada, aditivos químicos para la conservación de los productos, son factores básicos, propios de un esquema productivo cuya más clara señal de éxito, dijo alguien con cierto cinismo, es el número de personas obesas.  

 

III.

Nos las vemos, en fin, con un menú de alimentos que engorda mucho y nutre poco. Piensa uno, entonces, que en este país épico que hemos venido siendo desde hace tres lustros, el país de las grandes batallas ideológicas e históricas, no estaría mal que le abriéramos un lugarcito al problema de la obesidad, que lo sacáramos del rincón de los libros de dieta y de autoayuda y lo colocáramos en la agenda de las políticas públicas.

 

Harina de otro costal

Se cuentan ya 30 meses de guerra civil y más de 100.000 muertos. El conflicto se ha convertido en eso que los expertos denominan un problema geopolítico. Así, diversos países tercian en el asunto, cada uno con su barajita escondida tras las banderas de la paz, el resguardo de los derechos humanos, el repudio a las armas químicas y el resto del bla, bla, bla que condimenta la prédica de los que fungen como guardianes planetarios. Así las cosas, si por fin hay un cese de la guerra, es porque las distintas barajitas pudieron hacerse compatibles.

De nuevo, como si faltaran evidencias, se comprueba que las normas internacionales parecieran estar escritas en servilletas. Que la ONU semeja un jarrón chino. Que a los terrícolas aún nos queda grande la globalización, no sabemos manejar la creciente densidad de las interdependencias y sólo miramos las cosas desde la perspectiva del interés de cada Estado nacional.

Siria no será, tristemente, el último caso que ponga de bulto el peligroso déficit de gobernabilidad del planeta.