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Alicia Freilich

Andor en lengua mundana

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Hace medio siglo la polaca Raquel, dueña de Modas Bali, local mínimo en la caraqueña avenida principal de Las Palmas, con sólo mirar un instante a las nuevas visitantes, ejercía su oficio de escultora en telas para decidir qué clase de traje le convenía a cada quien, según su aspecto y personalidad. Así obtuvo una clientela fija que aprendió a vestirse con adecuada modestia. Si no fuera por Hitler y la Siberia de Stalin, quizás su nombre hubiera sido firma mundial de clásico buen gusto en ropaje femenino.

Ahora desde el poemario Lengua mundana (Común Presencia Editores, Bogotá, 2012, joya especial por su abordaje del erotismo, más el concepto gráfico de su diseño) y la novela Andor (Bid.Co. Editor, Caracas, 2013), su tocaya-nieta, sabia niñanciana, también se y nos mide ajustando al tacto, como su abuela; tallando a profundidad, como su padre Harry, y pintando luminosa, cual su madre Patricia, para exhibir roturas, remiendos y logros que en materia y espíritu siente su desubicada generación, a la fuerza extranjera en su lar y el exterior.

Ambos textos fusionan en armoniosa justa medida, fina poesía mayor con el desparpajo del habla vulgar partiendo de la palabra orgásmica y el humor patético. Total acierto, pues todo lo que se inventa y pierde es de impulso erótico en risa, quejido y lágrima. Lugar común para un adulto experimentado, pero extraño y muy sorpresivo en una criatura de 24 años, capaz de analizar laberintos que conectan maneras de intimidad sexual con modelos de violencia antisocial.

Andor es el territorio de vigilia entre estar y no estar, depresión por desarraigo vital en la voluntaria lejanía física que permite acercarse al origen. Desde allí explora con hermetismo, pero al detalle, cómo el sexo sin amor y viceversa, practicados de modo fijo, pueden procrear seres duales, ocultos, nocivos en su fanatismo que moraliza por fuera, obedece a ciegas órdenes irracionales de una Gran Hermana orwelliana y desata prédicas sobre un limpio dios de templos mientras se arrodilla ante ídolos de carne, hueso, imagen, armamentos, trono y monedas arrojadas para someter a sus fieles. Proceso dramático que desde el poder actual no dialoga, no dice ni convence, sólo insulta y divide al joven país en sifrinos traidores, porque desean realizarse desde otros rumbos, y soldados leales, revolucionarios armados o no, que reciben limosna estatal por su ignorante sumisión.

Novela de gran originalidad en su formato experimental, será obligatorio punto de referencia cuando se estudie los efectos que esta involución política de quince años deja en el sector numeroso de una juventud hija de las clases media y proletaria, en todos sus estratos, a la que desde su adolescencia le fueron arrebatados sus moldes básicos y se lanzó a buscar otras opciones para recobrar el privilegio que significa vivir la libertad por elección personal.

Raquel Abend van Dale es licenciada en Comunicación por la Universidad Monteávila. Su poesía ya ha recibido reconocimientos. Su prosa de metáforas agudas también toca fibras latentes que estallan y desvisten. Como el personaje Doña Raquel, nos coloca frente al más crudo espejo para un desnudarse a fondo. Si el indeciso quiere sobrevivir y escoger su destino, previa pasantía por un intervalo de confuso dolor, sin tregua ni autocompasión, tiene la alternativa de vestirse otra vez, sin disfraces de moda, sonriente, compasivo y a pulso firme. Sólo entonces, ya sin miedos, puede reclamar, exigir, rebelarse, desobedecer y tomar las riendas.