• Caracas (Venezuela)

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S:D:B Alejandro Moreno

De colectivo y colectivos

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Será muy difícil que cualquiera de nosotros escuche, aunque sea por muy breve tiempo, un discurso de nuestros dirigentes “revolucionarios” y no tengan que soportar sus oídos una descarga, a veces hasta soez, contra el “individualismo burgués”. Contra el tal individualismo, el proyecto revolucionario, como todos los que en el mundo han sido en el último siglo y lo que llevamos del presente, ha opuesto lo colectivo y los colectivos como remedio y transformación radical de la sociedad “burguesa”. ¿Será verdad?

No se trata de defender la permanencia y proyección hacia el futuro indefinido de lo burgués, la burguesía y su proyecto de sociedad, pues no es sino una estructura social temporal y no el estado definitivo de la humanidad. Individuo y burguesía constituyen una unidad. ¿La revolución socialista está libre de individuo?

Con toda intención, no he hablado de individualismo sino de individuo. Individuo es una cosa, individualismo otra e “individuísmo” (palabra de mi cosecha) otra, aunque mucho tengan que ver entre sí. A veces, parece que se quiere identificar colectivo con comunidad. ¿No pertenecen a universos semánticos radicalmente distintos? Empezaré por el significado profundo (¿endógeno?) de colectivo.

Por donde se lo mire y en cualquier texto en el que se le busque significado, colectivo siempre y únicamente implica y supone reunión, colección, cúmulo, conjunto, empezando por el DRAE que lo define como “perteneciente o relativo a una agrupación de individuos; que tiene virtud de recoger o reunir”. Las palabras suelen llevar en su etimología lo más profundo e identificativo de su pertenencia semántica. Colectivo tiene su raíz y origen en el latino collectivus que se traduce al castellano por recolección. Se reúnen, coleccionan, acumulan, se juntan y recogen, para no extendernos, objetos de por sí separados, dispersos, constituidos en unidades aisladas, esto es, individuos.

Así pues, el corazón del colectivo es el individuo y si el individuo es burgués, el colectivo es profundamente, en su esencia, burgués; para nada revolucionario. “¿Quién nos librará de la burguesía?” es la pregunta desengañada con la que el revolucionario Passolini abre su película Teorema. La constitución estructural del pensar, sentir y actuar de la sociedad producida con la aparición de la burguesía en los últimos siglos de la Edad Media e inicios del Renacimiento es el individuo. El individuo es su regla, ley y magma primordial del sentido. No digo individualismo pues a éste hay que entenderlo más bien como una actitud psicológica del individuo, no como estructura que caracteriza a una sociedad y una época histórica. A esto lo he llamado “individuísmo” pues su campo es el epistemológico o del conocer y existencial o de la manera de situarse en el mundo.

La respuesta que da Passolini a su inquietante pregunta es que la salida sólo puede venir desde fuera de esta sociedad, de una especie de revelación, no revolución, porque ni el empresario perverso ni el bien intencionado que todo lo entrega a sus trabajadores, ni los obreros, que al recibir los bienes del burgués caen irremediablemente en las mismas actitudes y conductas burguesas y explotadoras, pueden hacer ninguna transformación real. No es que no quieren o que se pervierten; es que no pueden, simplemente porque todo su pensamiento, sus proyectos y actitudes se producen inevitablemente y discurren en el amplio seno de la totalidad de la mismidad del mundo burgués. No existe una otredad externa a la burguesía.

Lo colectivo y los colectivos están, pues, hechos de individualidad. ¿Quién nos librará de la burguesía? ¿Este socialismo empapado de individuo?