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Alberto Soria

El fraude "del mejor" por Internet

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Fulano de tal es el mejor cocinero del mundo, zutano el mejor restaurante de tal ciudad o mejor aún de todo el sudeste asiático. Perengano el mejor hotel del planeta Tierra.

¿Quién lo dice? Un nombre desconocido. ¿Dónde lo dice? En Internet. ¿Qué credibilidad tiene? No se sabe, pero allí está. Y, además, firmado. ¿Quién lo copia y difunde? Decenas de miles de personas. ¿Quiénes creen que eso es cierto? Parece que mucha gente.

Eso “del mejor” ¿se puede contratar? Sí. ¿Dónde?: en Bangladesh, en Europa del Este. Hasta ayer, en Filipinas. Lo asegura una investigación de la policía de Nueva York que duró un año. Se reveló esta semana. Si se indagara en otras ciudades, el fenómeno de las críticas anónimas, democráticas, desinteresadas “de clientes” se expandirían como soufflé a punto de salir del horno.

 

I

“La opinión del hijo del vecino” fue en su momento analizada así por el filósofo, escritor y miembro de la Real Academia Española Javier Marías: “… La cosa adquiere un grado de perversión mayor cuando se trata de programas ‘serios’ –tertulias o debates sobre alguna materia compleja– y se invita a los espectadores legos a que manden sus opiniones: ‘Ante el plan de ajuste del gobierno, ¿por dónde recortaría usted?’. Lo cual viene a ser como preguntarles: ‘En una operación de cerebro, ¿por dónde abriría el cráneo?”.

No se trata de un muestreo, puesto que los que contestan no son representativos del universo al que supuestamente pertenecen… “la práctica tiene además un efecto engañoso. Crea la falsa impresión de 'tengo derecho de opinar de todo, aunque no sepa nada del asunto. Que me lo pregunten todo porque yo soy y represento la opinión pública”.

 

II

Eso fue hace cuatro años. El estilo de la opinión de clientes y expertos se ha perfeccionado y va más allá de la radio y la televisión. Así un club de amigos (del que también forman parte y votan los involucrados) escoge “lo mejor” de lo que sea.

La policía de Nueva York se infiltró en las redes de opiniones “desinteresadas, expertas”. Montó una tienda falsa de yogur en Brooklyn. Solicitó los servicios de estas empresas fraudulentas del aplauso permanente para que hablaran bien de algo que no existía. Lo lograron.

La “crítica de los usuarios” de una red de viajeros convirtió un hotel de Nueva York en estrella. Alcanzaron 96% de recomendaciones positivas (pagadas) en casi 30.000 críticas. Así funciona eso.