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Beatriz de Majo

¡Ya basta!

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Fue la gloriosa Armada Bolivariana la que terminó poniendo orden en el desaguisado que constituye que el gobierno guyanés, de la manera más abiertamente hostil, haya otorgado concesiones a empresas transnacionales para desarrollar actividades prospectivas y extractivas petroleras en aguas territoriales venezolanas. La decidida acción de nuestras fuerzas navales, de pasar un claro mensaje a propios y ajenos en esta lamentable agresión guyanesa a los venezolanos, puso a la Cancillería en la necesidad de hacer lo que correspondía haber hecho hace meses, que es presentar una nota de protesta e iniciar acciones ante Guyana para corregir tan manifiesta afrenta a la territorialidad venezolana.

No puedo adentrarme en tan corto espacio a explicar los asideros que le otorgan soberana legitimidad espacial a los espacios geográficos venezolanos involucrados y violados reiteradamente por el gobierno de Georgetown. La prensa nacional se llenó de alertas en las semanas pasadas de parte de grandes conocedores de los temas internacionales y de solicitudes de actuación al gobierno y a la Cancillería frente a una actuación de los vecinos que lesiona flagrantemente nuestra soberanía territorial. De igual manera han estado alertando sobre tal tropelía los expertos en la materia en varias ocasiones durante el mandato del presidente Hugo Chávez, mientras el entonces canciller, hoy presidente, Nicolás Maduro, miraba deliberadamente hacia otro lado.

La realidad es que la complacencia revolucionaria con el gobierno de Donald Ramotar debe ser considerada un desprecio flagrante a los derechos soberanos de los venezolanos además de una traición a nuestros intereses, pero igualmente porque estamos frente a una abierta transgresión de acuerdos internacionales que ameritan irrestricto respeto. Sin embargo, para la revolución que nos gobierna, ha sido bastante más importante mantener y cultivar a cualquier precio la solidaridad de los guyaneses en el seno del Caricom, al igual que en otros foros internacionales regionales y globales en los que el gobierno de Venezuela, cada día más, requiere del respaldo de otros países. Es bien conocido cómo las naciones que forman parte del mecanismo integrador caribeño dependen de la dádiva generosa y unilateral de Venezuela. Lo que ha sido poco mencionado hasta el presente es cuán determinante para la salud y la viabilidad económica de Guyana es mantener esa solidaridad costosa del gobierno de Venezuela, particularmente en el caso de la explotación petrolera que promete darles aliento y holgura económica a los vecinos.

Así pues, le tocó, al fin, a los militares actuar como saben hacerlo cuando se trata de ponerle coto a actuaciones que nos agreden y socavan nuestros derechos. El mensaje es igualmente diáfano para los guyaneses como para quienes manejan los asuntos exteriores del país desde la Casa Amarilla y desde Miraflores.