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Adriana Villanueva

¿Apio o auyama?

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Mi amiga del colegio Santiago de León de Caracas, Gabriela Carrera, se preguntaba en Facebook: “¿Y dónde busco los micrófonos?”, al día siguiente de que Ernesto Villegas y Jorge Rodríguez divulgaron el audio de una conversación privada entre su padre, el historiador Germán Carrera Damas y quien lo llama profe: la diputada María Corina Machado. Conversación informal que ambos sostuvieron la mañana de un domingo cuando la alumna fue a visitar al maestro a su casa para intercambiar opiniones sobre el acontecer nacional.

“¿Y dónde busco los micrófonos?”, se pregunta en la red social Gabi tras saber violada la intimidad del domicilio paterno, y no tardamos los amigos en sugerirle ideas: que quizás fue un pajarito en el balcón, ya ni en los pajaritos se puede confiar…; que si un láser invisible desde un camión como en las películas…; que si en la barriga de los gatos que dormitaban a los pies de don Germán. Yo hasta me tomé la libertad de organizar la próxima fiesta santiaguera en casa del profesor Carrera Damas, para que nos graben en comuna, pero eso sí, los tragos van a cuenta de la Stasi chavista, no faltaría más.

Cómo evitar echar broma por las redes sociales si este episodio de espionaje oficialista es de una gran torpeza, una enorme chapuza, pero por más chapuza que haya sido, cualquier violación a la intimidad del hogar es de enorme gravedad. Sobre todo si quienes están hoy en el poder –sin contrapeso institucional que defienda los más básicos derechos ciudadanos– son quienes se jactan de ella.

¿Cómo pueden convocar a una rueda de prensa un ministro de Información y un alcalde, y presentar pruebas de que violentaron el más básico derecho a la intimidad? ¿No les da vergüenza admitir que se infiltraron en la casa de un señor historiador, de una eminencia nacional, para grabar una conversación baladí y hacerla pública? ¿Eso es lo que ellos llaman la inteligencia revolucionaria? ¿Así, así, así es que se gobierna? ¿Cuál será el próximo paso? ¿Prohibir el derecho a reunión? ¿Divulgar cualquier “aquí entre nosotros y que no salga de aquí” que les parezca?

Hasta da cosita que Villegas y Rodríguez, profesionales del periodismo y de la psiquiatría de eminente estirpe revolucionaria, hayan tenido que caer en tan vergonzosa misión de ser delatores de una conversación irrelevante quizás sólo para demostrar que también hay desacuerdos en la oposición. Es que los pobres estaban acostumbrados a que el trabajo sucio le correspondía a Mario Silva, responsable de divulgar en su programa La Hojilla videos, fotomontajes, audios privados; todo aquello que pudiera enlodar a los enemigos del régimen. Pero qué se le va a hacer si el buen soldado Silva resultó un cazador cazado cuando salió a la luz pública el infeliz audio rindiendo cuentas al comandante cubano, no sin antes exponer un sinfín de trapitos sucios de la revolución post-Chávez.

Si queremos garantizarnos una pizca de privacidad, tendremos que conseguir conos del silencio como los que se usaban en El superagente 86, porque el Gran Hermano, a falta del líder máximo, tiene que hacer sentir que no hay espacio privado, ni siquiera dentro de las entrañas revolucionarias, como le consta al execrado maese Silva.

Y mientras tanto, el profesor Carrera Damas ya hasta duda de exponer en voz alta si prefiere sopa de auyama a sopa de apio en el almuerzo. No lo vayan a tomar a mal.