• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Trapos rojos al sol

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El libreto que sigue Maduro en materia de magnicidios es el mismo que utilizó Chávez hasta el cansancio. Nunca el finado Presidente presentó prueba alguna. Tampoco lo ha hecho Maduro. Son estrafalarias noticias que, la mayoría de las veces, rayan en versiones incoherentes, inverosímiles; poco creíbles, porque, generalmente, rompen los moldes de la razón. Incluso como fantasías construidas dejan mucho que desear.

Así podríamos llegar a una lista interminable, para la cual el espacio reservado por el periódico para quien escribe estas líneas no alcanzaría nunca. Los atentados incluyen desde la voladura del avión presidencial hasta la utilización de expertos francotiradores, traídos desde el exterior, no solamente con fusiles de alta tecnología y precisión, la utilización de bazucas de largo alcance y hasta el uso de armas químicas de última generación. ¡Vaya imaginación!

Y last but not least, fue la temeraria acusación de Eva Golinger cuando reveló que Estados Unidos le había inducido el cáncer a Chávez, descubrimiento que, seguramente, la pudo hacer digna del Premio Nobel de Medicina, y que el propio Maduro acompañó diciendo “que ya tenían pistas sobre esa posibilidad…”. En fin, hay tentativas de todo tipo y para todos los gustos dignas de una película de ciencia ficción al mejor estilo hollywoodense.

Ahora bien, en la corta era “madurista” del chavismo sin Chávez ya se ha dado cuenta de varios intentos de asesinatos del Presidente (designado por el CNE), sin que existan culpables reales. Empezaron con unos mercenarios enviados por la derecha salvadoreña en la que el propio diputado señalado como responsable de la operación se encargó prontamente de desmentir su participación, ya fuese intelectual o material. Luego de transcurrido un tiempo todo quedó –como siempre– en un limbo caliginoso que no arrojaba mayores explicaciones. Así transcurrieron los días sin nada más que agregar sobre el asunto en cuestión. O sea, la cosa no paso de ser una falsa alarma, me imagino, para tranquilidad de los diligentes cuerpos de seguridad de la revolución.

También el ex ministro de Relaciones Interiores y Justicia Néstor Reverol alertó sobre propósitos similares de la ultraderecha venezolana e internacional contra el entonces vicepresidente de la República Nicolás Maduro y el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.   

Luego vino el cuento del ministro Rodríguez Torres sobre la frustración de un plan fraguado por un grupo de nueve paramilitares colombianos para acabar con la vida de Maduro y desestabilizar el Gobierno venezolano, obviamente orquestado desde Colombia. Ya, anteriormente, el propio Maduro había inculpado al ex presidente Uribe de preparar una fuerza paramilitar con fines homicidas para enviarla a nuestro país. A la sazón, también Maduro alertó a Obama sobre un atentado contra Henrique Capriles, preparado por la CIA.

Pero, la historia no termina aquí. José Vicente Rangel, en su programa dominical de televisión, luego de la entrevista entre Capriles y el presidente Santos, declaró, sorpresivamente, que la derecha venezolana estaría negociando la compra de 18 aviones en Estados Unidos para una operación de agresión contra Venezuela, con la participación de mercenarios. Como si la compra de aviones de guerra sea una operación tan fácil como comprar caramelos.

En suma, todas estas incoherentes revelaciones, sin evidencias de ningún tipo, no son más que trapos rojos lanzados al aire para tratar de tapar le ineficiencia del Gobierno y desviar la atención sobre los graves problemas políticos, sociales y económicos que profundizan la crisis de gobernabilidad y legitimidad de gestión existentes.