• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Directo a peor

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Animados por la convicción de rescatar plenamente a nuestro país de la anulación cuartelera a que está sometido, cuán equivocado nos resulta quien actúe ceñido a la idea de que gobernar es un ejercicio mafioso de agresión, irrespeto y saqueo a un pueblo inerme de vocación civilista y democrática; o mostrar los delitos como logros.

Puede resultar un tanto extraño el que a pesar de parecer que hubiera mucho que decir del extinto comandante y del ilegítimo ocupante del sillón presidencial, prefiera omitirlos y tratar esta vez algo con más sentido que la ordinariez y procacidad de aquel, y la bufonería  burda y hasta cínica del usurpador. 

Son numerosas las veces en que en notas como esta he nombrado a Aquiles Nazoa, sintiendo justificada cada una de esas menciones. Era conocido su celo en defender el idioma y la conversación, como lo evidencian estas dos citas: “El decir bellas cosas no significa que haya siempre que estar expresando ideas poéticas ni haciendo frases ingeniosas. Se entiende que el decir bellas cosas es simplemente expresar con claridad las ideas que uno lleva en la cabeza”, y “…la constancia y multiplicidad con que el feísmo industrializado y la vulgaridad nos golpean la sensibilidad y la inteligencia, han terminado por tener efectos siniestros sobre el habla venezolana, sobre nuestro mayor tesoro intelectual y cultural, tal vez el último que nos quede como elemento de identificación nacional”.

La nefasta situación que estamos atravesando es determinante de nuestro deterioro social y cultural, que incluye el envilecimiento de las relaciones interpersonales y un aterrador empobrecimiento de la lengua, vehículo fundamental en el sano cultivo de esas relaciones. Nuestra doble condición de lectores y oyentes, se nutre de la palabra escrita y la hablada; es grande el placer de leerlas por su significación implícita, como también cuando con fines didácticos pasan a ser explícitas y nos brindan la esencia de un texto en su visión culta y profundidad reflexiva.

No es casual que el lenguaje muestre hoy tantos y tales cambios negativos, cual agravantes de su vulgaridad y agresividad. Sobre todo ahora cuando, como seguidores de lo cubano, tendremos que ajustarnos al recién creado instituto oficial de espionaje, delación, persecución y represión, con su serio nombre de Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria; cuidándonos muy bien de lo que digamos, de dónde y cuándo lo decimos, y en especial si hay alguien y quién es, oyéndonos, camino de ser sapeados y terminar presos. Es manifiesto el acoso a la libertad de expresión con el objetivo concreto de intimidarnos.

En varias ocasiones me he referido al humorismo y celebrado su significación, sobre todo cuando es cultivado con gracia e inteligencia, porque nos permite sobrellevar las dificultades del diario quehacer y de esta realidad militarizada.

Dado que la aparición de nuevas circunstancias generalmente determina cambios de los temas y de la forma de tratarlos, hoy se evidencia un creciente rechazo social a quienes desde el poder, se empeñan en desvirtuar incluso la cordialidad y la bonhomía que siempre han sido rasgos esenciales de nuestra conducta colectiva

Hay sí que evitar caer en la superficialidad o en la vacuidad de conceptos, por ser formas potenciales de evadir una realidad conflictiva; que es un deber salirle al paso a lo grueso, lo procaz, y a cuanto atente contra la dignidad humana; que se requiere defender decididamente nuestra lengua y otros valores culturales, ante los intentos de deformación propios de la barbarie; y asimismo, ante la poca conciencia oficial del ridículo, es deber nuestro desmontarles sus bravuconadas y sus tretas obscenamente elementales.