• Caracas (Venezuela)

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En la historia electoral venezolana nunca ha habido antecedentes de que se haya aplicado un revocatorio presidencial (2004) y menos que haya sido sometido a una investigación científica de alto nivel (2011) para probar que fue fraudulento. Estos antecedentes deben incluir la reciente impugnación por la oposición, ante el más alto tribunal de la república, de la elección presidencial del 14-04-2013, por una serie de vicios y anormalidades que se presentaron durante la votación y que la hace sospechosa de flagrante fraude y de nulidad. Aunque en el pasado ha habido otros fraudes electorales (ver la revista El Desafío de la Historia, año 5, Nº 38, 2012), curiosamente estas situaciones inéditas conflictivas sólo se han presentado en la mal llamada “revolución bolivariana” (El Nacional, 16-06-12, p. 9).

Cuando el CNE dio el primer boletín sobre el revocatorio, en la madrugada del 15-08-04, la oposición quedó atónita y la palabra fraude afloró inmediatamente a su mente; en los días siguientes comentarios y opiniones inundaron la opinión pública y los medios de comunicación en contra de los resultados. Hasta se hizo una publicación en la que estos aparecían al revés y daban por ganadora la respuesta en la que Chávez sí debía ser revocado, lo cual fue a posteriori corregido para que cuadrara con la información dada por el CNE (esto se atribuyó a un error de imprenta, y despertó aún más sospechas). Pero a nadie se le ocurrió, dentro de los lapsos legales, impugnar el revocatorio ante el TSJ, por lo cual el resultado de éste quedó firme.

Siete años más tarde aparecen los trabajos científicos probatorios de Statistical Science, los cuales, de no haber muerto Chávez, se hubieran podido usar, a tenor del artículo 97 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, en una solicitud de revisión de los resultados. De acuerdo con el numeral 1 de este artículo, el recurso de revisión contra los actos administrativos firmes podrá intentarse ante la instancia respectiva, cuando hubieren aparecido pruebas esenciales para la resolución del asunto, no disponibles para la época de la tramitación del expediente. La muerte de Chávez eliminó esta posibilidad legal; sin embargo, los trabajos científicos citados en la primera parte señalada tienen un valor adicional que marcan pauta en la historia democrática de Venezuela. Y es que muestran claramente que, cuando se comete fraude, algunas trazas o evidencias de la acción quedan y pueden ser detectadas con la aplicación de refinadas técnicas estadísticas. Esto es consistente con la ley de Williams & Holland, según la cual cualquier cosa puede ser probada con métodos estadísticos si se recaba suficiente información.

Es curioso observar cómo, a partir del revocatorio de 2004, cuando se comenzó a usar un sistema automatizado de votación, de vez en cuando en los procesos electorales se nota que los votos oficialistas, cuando conviene, suben por el ascensor mientras que los de la oposición lo hacen por las escaleras. Esto, en parte, se debe a que el método de conteo, en su totalidad, no es manual, por lo que un control ciudadano absoluto y directo de esta parte del proceso, in situ, mesa por mesa, no es posible, además de otros factores parcializados en contra, como árbitro a favor del oficialismo, transmisión de datos por compañía de comunicaciones estatal, cedulación irregular de ciudadanos, cierre de fronteras, hostigamiento oficialista en los centros de votación, etc. Y esto pesa mucho cuando el resultado es tan cerrado como el reportado por el CNE el 14-04-2013.

Ahora la oposición, ante las claras evidencias de hechos irregulares cometidos en la elección de Maduro como presidente, intenta un recurso de impugnación, dada la negativa del CNE de proceder, como debe ser, a una reconsideración transparente de la revisión (auditoría) del proceso, lo que despierta aún más la sospecha de fraude. El que diga que la oposición dio un golpe al oficialismo el pasado 11-13 de abril de 2002, introduce una situación paradójica porque pareciera que ahora quien da el golpe el 14 de abril de 2013 es el oficialismo en contra de la oposición por la vía del fraude electoral en un proceso lleno de vicios.

Paralelamente a esta impugnación, debería comenzar una investigación científica de alto nivel sobre este fraude, no sólo para comprobar rigurosamente su existencia, sino también para que sea usada como recurso de reconsideración o de revisión, en caso de ser necesario, como pareciera que va a ser por el alto sesgo oficialista que tiene el TSJ. En palabras de Capriles Radonski: “Es la verdad contra la mentira”; en palabras insinuadoras de Chávez: “Fue la batalla perfecta”.