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Heinz Sonntag

¿Por qué el 8D?

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Ahora se comprueba: cuando el CNE fijó el 8D para las elecciones municipales de este año, pocos ciudadanos y organizaciones de la alternativa democrática se preguntaron acerca de la razón para la escogencia de ese día. A mí me pasó lo mismo. Poco después se me aclaró el cuadro: las cuatro rectoras del CNE no habían actuado inocentemente, pues esa fecha tiene un significado especial: es la del último discurso público en cadena del presidente Hugo Chávez en 2012, cuatro meses antes de su fallecimiento. En esta intervención dijo muchas cosas, pero el asunto tal vez más significativo fue su designación de Nicolás Maduro como su sucesor, la cual fue aceptada hasta por el TSJ en dos sentencias, de muy escasa correspondencia con la Constitución, con motivo de las elecciones presidenciales del 14A. No afirmo, pero tampoco excluyo, que las rectoras, siempre tan obedientes a las órdenes de los líderes de su partido (PSUV), hayan recibido la instrucción de Maduro o Cabello o ambos de escoger esta fecha. La reciente declaración del 8D por Maduro como día dedicado a la memoria del fallecido tiene obviamente el objetivo de aumentar la votación del Gran Polo Patriótico.

Hasta hace pocos días, el recurso de usar el recuerdo de Hugo Chávez no jugó un papel significativo en la propaganda del PSUV y del Gran Polo. Pero en vista de las encuestas que dan como mínimo un empate en los resultados del 8D, el presidente y sus asesores electorales recurren al significado histórico de ese día. Ello era previsible desde el inicio de los funerales al día siguiente de la muerte de Chávez. Se extendieron durante casi dos semanas y atrajeron grandes manifestaciones populares. En la propaganda electoral para las elecciones presidenciales, los herederos de Chávez se refirieron permanentemente a su figura y su legado. No faltaron pronunciamientos a menudo reiterados sobre su “eterna presencia”. El candidato del chavismo, Maduro, no se cansó de subrayar su cercanía a Chávez y de repetir sus estrechos vínculos con su proyecto y su “revolución”, amén de señalar que Chávez lo había nombrado su sucesor. Incluso insinuó que se sentía comunicado con Chávez. En una oportunidad contó que, en una capilla cercana al lugar donde estaba el cadáver, se le había presentado un pajarito que le había transmitido mensajes del comandante.

En la medida en que avanzó la campaña del poschavismo para las elecciones municipales, no me cupo ninguna duda de que más temprano que tarde el significado del 8D adquiriese un alto valor propagandístico. Dado el culto exacerbado al fallecido tenían que recurrir una vez más a su “presencia”, recordando que el 8D de 2012 fue la última oportunidad en que Chávez se dirigió a “su pueblo”. En ese momento declaró, además, al actual presidente como su sucesor y solicitó votar por él en las elecciones presidenciales. Como es conocido, Maduro ganó por un muy estrecho margen (si es que ganó), de modo que la sospecha de su posible ilegitimidad puede ser sobreseída por el hecho de que un 8 de diciembre Chávez lo había designado su sucesor, esto es: como el único líder que empuja adelante el proyecto de Chávez, razón por la cual este día los votantes deben emitir su voto en favor del PSUV y demás organizaciones y partidos del Gran Polo Patriótico.

Soy consciente de que esta jugada propagandística puede tener efecto por el largo periodo de culto a la persona de Chávez por convertirlo en un “actor vivo” del presente y el futuro de la republica, lo cual podría ser un estímulo para darle el voto a los candidatos del Gran Polo. Por esta razón los partidos y movimientos de la alternativa democrática deben hacer un gran esfuerzo para desacralizar el 8D y convertirlo en un domingo simple, destacado solo como día de elecciones, y no otro para celebrar al “eterno comandante” al dar sus votos por los candidatos de su sucesor.