• Caracas (Venezuela)

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Oscar Lucien

Necrofilia electoral

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1. Que “nadie escarmienta en cabeza ajena” es una conclusión de la sabiduría popular que la reciente decisión de Maduro de decretar el “Día de la Lealtad y el Amor al Comandante Supremo Hugo Chávez y a la Patria”, nos hace pensar tiene la solidez de un principio infalible. En 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, Nikita Kruschev presentó un informe en el que denunciaba muchas de las atrocidades del régimen de Stalin y de las perversidades y consecuencias nefastas del culto a la personalidad para la construcción del socialismo: “Después de la muerte de Stalin el Comité Central del Partido comenzó a estudiar la forma de explicar, de modo conciso y consistente, el hecho de que no es permitido y de que es ajeno al espíritu del marxismo-leninismo elevar a una persona hasta transformarla en superhombre, dotado de características sobrenaturales semejantes a las de un dios (...) Entre nosotros se asumió una actitud de ese tipo hacia un hombre, especialmente hacia Stalin, durante muchos años (...) Debemos abolir el culto a la personalidad en forma absoluta y definitiva (…) por ser contrario al marxismo-leninismo y ajeno a los principios del Partido y a sus normas y combatir inexorablemente todo intento de reintroducir su práctica en cualquiera forma”.

¿Conoce Maduro de la existencia de este célebre informe? Para alguien que se ufana de una militancia revolucionaria de larga data sería una carencia vistosa, pero Maduro en los meses que lleva viviendo en Miraflores, pretendiendo imitar al difunto presidente, ha mostrado unas significativas lagunas, y esta condena histórica al culto a la personalidad pudiera estar fuera de su alcance. ¿Pero lo desconocen muchos de los que lo acompañan en el gobierno, en su alianza partidista, sus mentores cubanos? Lo dudo.

2. Por si fuera poco, ¿qué país potencia puede ser aquel dirigido por un presidente (sic) que habla con difuntos transmutados en pajaritos, que en el trino de estas aves interpreta mensajes del más allá? ¿Puede un pequeño país, por mucho petróleo que guarde en su subsuelo, pretender salvar el planeta cuando sus dirigentes viven pendientes de los mensajes ultraterrenos de un muerto, como ocurrió recientemente en una de las excavaciones del Metro de Caracas? ¿Atentos a mensajes de ultratumba, durmiendo frecuentemente al lado de un sarcófago, podemos avanzar por los complejos senderos del siglo XXI?

El respeto a la memoria de un personaje fallecido, por significativa que pueda considerarse su contribución a la ciencia, la cultura o los destinos de un país debe tener el límite de la mesura y no sobrepasar la perniciosa frontera del culto a la personalidad. De lo contrario, estamos en el ámbito de la manipulación. Y la historia se repite dos veces, como tragedia y como farsa (Marx dixit).

¿No ha visto Maduro la cantidad de estatuas derribadas a lo largo del siglo XX? ¿No vaticinó Hitler que el III Reich debía durar 1.000 años? Sólo tiene larga vida lo que es producto del consenso.

3. En las primeras horas del anuncio muchos pensaron que era una pesada broma. Pero no tardó mucho en salir publicado el decreto 541 que crea el “Día de la Lealtad y el Amor al Comandante Supremo Hugo Chávez y a la Patria”. Bastaría leer los ditirámbicos considerandos para saltar estupefactos por las referencias a quien sacó al país “de las tinieblas del capitalismo”; “al gigante de América que no hizo otra cosa que profesar y practicar el más genuino amor sin exclusión”. Pero más allá de la extravagancia del decreto de marras y de la condena histórica referida, se consagra tal día de lealtad a Chávez y se invita a realizar actos conmemorativos por todo el país el día 8 de diciembre, precisamente el día en que están convocados unos comicios para elegir autoridades locales.

La motivación electorera del decreto queda desnuda si damos por buenos los sondeos que indican una fuerte tendencia a que la oposición democrática gane el voto popular, lo que significa un fuerte sacudón a la precaria legitimidad de Maduro y un llamado de atención a su gobierno ineficaz, insultante y de exclusión. De manera perversa se busca manipular a un elector que el gobierno considera un “traidor” porque en las pasadas elecciones prefirió la propuesta de Capriles frente al continuismo del impuesto Maduro. Por eso se apela a la lealtad. Utilizar la figura de un muerto para manipular emocionalmente a unos ciudadanos agobiados por la inflación, la escasez y la inseguridad es un obsceno ventajismo (el CNE calla y otorga) que da razones para considerar que en Venezuela no hay elecciones libres, justas y transparentes. La conmemoración del 8D no es casual: es necrofilia electoral.