• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Andrés Cañizález

La apuesta del cambio

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La posibilidad de un cambio democrático en Venezuela, en la actual coyuntura, está estrechamente vinculado –entre otros factores– a la capacidad que tenga la alternativa democrática de encarnar y galvanizar la molestia generalizada sobre la conducción económica por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Sin duda, las elecciones municipales del venidero 8 de diciembre serán un punto de inflexión, pero la lucha democrática venezolana no se agota en tales comicios. Hay que decirlo, el 9 de diciembre el país seguirá estando en manos de Nicolás Maduro y un grupo de enchufados, con década y media aferrados al poder, y deben pensarse e implementarse estrategias que refuercen la ruta electoral pero que no mueran el día de las elecciones. No se trata de un desafío menudo.

El chavismo, en tanto identidad política sostenible en el siglo XXI, ha venido registrando un retroceso importante, pero cuya demostración pública es en verdad paulatina. No ocurrirá, desde mi punto de vista, un desplome del chavismo que arrastre al gobierno de Maduro, tal como algunos fanáticos de la oposición desearían. Tendremos, si la clase media acude a votar masivamente, la consolidación de un corredor político para la alternativa democrática en la suma de las grandes ciudades del país. Sin embargo, que la oposición se consolide como una referencia citadina, con mayoría clara en las principales capitales del país y otras ciudades importantes, no significará para nada la desaparición del chavismo como por arte de magia.

La buena noticia para quienes adversamos el proyecto político que hoy encarna Maduro es que tendremos una batería de una docena o más de alcaldes que, haciendo una buena gestión, representarán una camada de nueva vocería y dirigencia fresca para la oposición, al estar al frente del gobierno municipal en las grandes ciudades. Serán un paso más en la dirección del cambio democrático, pero no serán un punto de llegada, aún nos falta camino por recorrer.

La mayoría de alcaldías, previsiblemente, seguirán en manos de las fuerzas del Partido Socialista Unido de Venezuela y de sus aliados. Las alcaldías de la Venezuela rural, pobre y desconectada seguirán en manos del oficialismo. Para la alternativa democrática estas elecciones del 8 de diciembre desnudarán, una vez más, su debilidad en ser una referencia de cambio en aquellos lugares en los cuales el chavismo ha dominado. No se trata solamente de que no se alcancen victorias electorales, sino de que en muchos casos no hay capacidad de defender los resultados y contraponerse a esa maquinaria del Estado, que está a favor de una parcialidad política. Se ha avanzado, sin duda alguna, pero las votaciones en esos lugares no darán un vuelco de la noche a la mañana solo porque la gestión de Maduro sea un desastre en lo económico. Mellada por este fracaso económico y por la muerte del líder, la esperanza aún persiste en esta base popular del chavismo, junto con la presencia de una maquinaria para movilizar y en no pocos casos amedrentar.

No me cabe la menor duda de que estamos en medio de un profundo proceso de cambios en Venezuela que finalmente nos conducirán a un modelo más democrático, genuinamente participativo y con una gestión al servicio del pueblo. Pero tal proceso, en verdad, parece ir en cámara lenta, no está caracterizado por las volteretas o cabriolas llamativas –hasta ahora– sino por lo que es un paulatino pero inexorable deterioro de la conexión entre el pueblo y el modelo chavista. Y este deterioro es inexorable.

El 8 de diciembre tendremos una nueva dosis de esperanza, de que sí es factible consolidar la alternativa del cambio democrático, pero seguramente no será tan abrumador el resultado como para pensar en que habrá un deterioro acelerado del gobierno y del partido gobernante. La apuesta del cambio requiere de paciencia y perseverancia en la Venezuela actual. La desesperación o, peor, la desesperanza no son buena compañía en esta ruta política que como sociedad nos ha tocado vivir.