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Eduardo Semtei

El estrangulamiento de la vía electoral

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Cuando Chávez y sus compadres perpetraron el golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez y la democracia, lo hicieron convencidos de que la vía electoral era una quimera. Juraban que el CNE era un nido de tramposos y tracaleros. Más tarde, en noviembre de ese mismo año 1992, absolutamente convencidos de que no era posible una salida electoral, que a ellos, a los conspiradores, les resultaría imposible ganar las elecciones, intentaron por segunda vez un alzamiento militar. Fallaron nuevamente.

Miquilena convenció a los insurrectos de abrirse camino por la vía electoral. Tuvo razón el viejo líder. Años más tarde, los uniformados desalojaron a su mentor de todo cargo público, maldijeron su esencia, renegaron de su sabiduría y empezaron a comportarse como si ellos nunca hubiesen empuñado las armas de la república para hacerse del poder. Todos los civiles que rieron los chistecitos del finado han pavimentado con sus cadáveres políticos el largo trecho del aniquilamiento de la vida civil venezolana. Las vainas se torcieron en el camino. Quienes se asumieron como yunques débiles hoy encarnan el martillo desalmado y descarado de un estilo de gobierno neocomunista, edulcorado con el nombre de socialismo del siglo XXI, que golpea en forma salvaje el esqueleto democrático de Venezuela y cercena el equilibrio de poderes.

Más tarde Carmona y sus compinches, precisamente militares, ensayaron nuevamente una salida no electoral. Debió haber sentido pánico, el difunto, cuando ningún miembro del Alto Mando Militar acudió en su defensa y para sorpresa de todos los uniformados del globo terráqueo y especialmente del afectado, el único gran general que arriesgó su pellejo en salvaguarda del otrora golpista hoy permanece encerrado en chirona por haber defendido sus principios y haber abominado de las salpicaduras comunistas y cubano/soviéticas que empezaban a ensombrecer nuestro destino común. Qué horror la inquina y el encono contra Baduel.

Los opositores fieles a sus compromisos democráticos han pagado con persecución, exilio y cárcel los desatinos del binomio Carmona-Alto Mando Militar. El finado y sus sucesores armados con los dólares de la república, amparados en los abusos de unos poderes públicos esclavos, complacientes y heteras a más no dar han desatado huracanes y mareas contra los opositores. Los acorralan. Les reducen su capacidad de actuación. Los apresan. Invalidan. Inhabilitan. Persiguen. Les arrancan sus fueros parlamentarios y los despojan de la inmunidad que les otorgó el elector en su momento. Le robaron sus prerrogativas a Wilmer Azuaje quien fue esposado y encarcelado sin miramientos ni respeto a su investidura parlamentaria.

Las inhabilitaciones son el pan de cada día. Leopoldo López y David Uzcátegui son los ejemplos más clásicos. Tal es el desprecio a las leyes que los gerentes del desgobierno prefirieron retirarse de la CIDH antes de aceptar la sentencia condenatoria en contra de la decisión que inhabilitó a López. La abominación contra Juan Carlos Caldera y el olvido perverso y ruin de quién era el personaje que soltaba el dinero separa culpables de inocentes. La persecución contra Mardo. Las emboscadas contra Oscar López Colina, Armando Briquet y Rafael Guzmán son obras clásicas del modelo soviético. Actuaciones similares a la perversión de la Stasi, la KGB y el G2 cubano.

Cada cierto tiempo le disparan al vehículo donde se desplaza Henrique Capriles. Incendian sus transportes. Queman sus tarimas y sistemas de sonido. Todo ello bajo el cuidado de sus policías y bandas armadas. A Henri Falcón le montan una tramoya de mentiras, acusaciones y denuncias. Tratan de acorralarlo.

A Cocchiola le ofrecen cárcel, al igual que a su esposa e hijos. Amenazan con confiscarle sus empresas. Pisotean el honor de la diputada María Aranguren. En fin. Amigos todos. Cada día estrechan más las salidas electorales. Solo la presencia masiva de los electores este 8-D puede conjurar lo que parece anunciarse en el futuro.