• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

El socialismo agoniza en América Latina

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Los pueblos de la América del Sur están abriendo los ojos, por un lado está la derrota de Evo Morales en Bolivia, lo que ocurrió en Argentina con el fin del kichnerismo y la salida de Dilma en Brasil para enfrentarse a un juicio en el que no tengo la menor duda de que quedará finalmente destituida de su cargo, quien se encuentra bajo la lupa junto al ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva por casos de corrupción, donde con una fachada “socialista” le mienten al pueblo y aprovechan para robar y arruinar a un país.

En Venezuela, los resultados del pasado 6-D y la negativa del gobierno a rectificar y a darle la lectura correcta a ese voto castigo, han llevado a que hoy esté llegando a su fin la revolución de siglo XXI, esa que se ha caracterizado por ser un régimen autocrático, controlador, y que se vale de todo tipo de abusos y atropellos para mantenerse en el poder.

Mientras se va cayendo la fachada de la izquierda, Nicolás Maduro continúa con la misma cantaleta acusando al imperio norteamericano de ser el culpable de todos nuestros males, sin ver el caso de Cuba, que han recibido y siguen recibiendo millones de dólares en petróleo de este arruinado país, esos mismos que recibieron al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Ese capítulo reciente en el que vimos al presidente norteamericano aterrizar en La Habana y a Raúl Castro recibiéndolo, demuestra lo desfasado de los tiempos y desconectado de la realidad que estuvo el ex presidente Hugo Chávez.

Es increíble lo ciego que fue Chávez para ver y comprender los cambios políticos que se estaban dando a su alrededor. Indudablemente fue un líder, pero un pésimo e improvisado presidente que se dejó llevar por el resentimiento y se encargó de sembrar odio y división entre los venezolanos. El intergaláctico no fue capaz de visualizar, y mucho menos de prever el progreso del país, igualmente sus herederos se niegan a adoptar estos cambios que exige la sociedad.

Creo que al menos se murió sospechando que este día llegaría: Obama en La Habana, los cubanos más cerca de los americanos que de Rusia, China y Venezuela, los iraníes puestos de acuerdo con Occidente, los Kirchner fuera del poder, Lula y Dilma agonizando, y Maduro y el chavismo por el mismo camino.

Hoy en día, los gobiernos de los dos países más grandes de Suramérica, Brasil y Argentina –hasta hace poco aliados incondicionales de la “revolución”– pueden jugar un papel importante a futuro en el ejercicio de presión diplomática externa sobre Maduro, que queda cada vez más aislado.

Estoy convencido de que en nuestro país, más temprano que tarde, lograremos ese cambio, a pesar de que aquí, a diferencia de Brasil, no hay independencia de poderes, pero tenemos todas las razones que llevaron al cambio político en estos países latinoamericanos, pero que además tenemos la más alta inflación del mundo, ni hablar de la inseguridad galopante, del desabastecimiento de alimentos y de la escasez de medicinas, por lo que la mayoría de nuestro pueblo ve en la unidad, una esperanza. Los venezolanos esperamos ver pronto esa luz al final del túnel en la que toda esta pesadilla que hoy estamos viviendo, se quede atrás y le demos paso a la Venezuela del progreso, de las oportunidades, en la que nos reconciliemos todos y nos unamos para darle ese viraje a este desastre, para reconstruir juntos la patria que Bolívar siempre soñó.