• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

La revolución de la escasez

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En los últimos tiempos hemos visto las diversas estrategias que ha “creado” el gobierno para “apalear” los principales problemas de los venezolanos. Planes van y vienen y los problemas se mantienen.

La inseguridad, la grave situación económica, la inflación anualizada que sobrepasa 150%, esa que desde hace rato, sin necesidad de eliminar las misiones, acabó con las mismas, ya que el dinero cada vez rinde menos. Solo en el último mes la canasta alimentaria subió más de 30%, que es el equivalente a unos 7.000 bolívares, lo que representa el salario mínimo de un trabajador venezolano.

En lo que a materia económica se refiere, el régimen ha demostrado una total y absoluta indiferencia, no hay la más mínima voluntad política para mejorar la calidad de vida de ese pueblo que les dio su voto en busca de una esperanza y solución a los problemas del país, sin embargo, esos electores creyentes en una “revolución” y “socialismo del siglo XXI” salieron con las tablas en la cabeza al ver cómo se desviaron las promesas en las cuales ellos habían creído. Por eso es que actualmente la mayoría de los venezolanos están claros en ese dicho que reza: “Cuando el gobierno no quiere cambiar, hay que cambiar al gobierno”.

Para muestra un botón: Nicolás y sus enchufados, siguen empeñados en su política económica errada; este sigue viajando para continuar hipotecando a nuestra Venezuela –esto como una de las estrategias de cara a las próximas elecciones parlamentarias del 6-D– sumado a su denuncia número 17 de un presunto magnicidio. Basta recordar capítulos como el del Yendrick Sánchez que burló todos los protocolos y la seguridad existente en plena alocución del primer mandatario, o una más reciente, en el estado Anzoátegui, el cual denominamos en su momento como el “manguicidio”. Todo se trata de una farsa más de un gobierno mentiroso.

Es lamentable cómo ha decaído el país en tan poco tiempo. Aparte de haber dejado de producir, el gobierno redujo la importación en 75% en comparación con el año 2012, cuando un dólar equivalía a 4,30 bolívares. Esto indudablemente motivado a que no hay liquidez, a que no ahorramos mientras estuvimos en la época de bonanzas, entre muchas otras razones que he venido denunciando a lo largo de todos estos años.

Hoy en día, el dólar a 6,30, dentro de esa diversidad de tasas de cambio, lo único que hace es que la gente deje de producir, para pasar horas y hasta días en unas largas y humillantes colas.

Sin duda alguna, hay un problema de falta de producción ante la expropiación y el cierre de tantas empresas, ante la política absurda de importación –en la cual nos cuestan hasta cinco veces más los productos– pero además el “hecho en Venezuela” cada vez existe menos, beneficiando a unos pocos del régimen que se han enriquecido con esta mala política económica.

Actualmente continúan cerrando fronteras como estrategia electoral, pero eso no va a acabar con el contrabando, ni con el bachaqueo, ni va a mejorar en lo que a escasez se refiere, ni mucho menos a hacer aparecer los productos desaparecidos. Las colas siguen iguales. Lo que sí es cierto es que cada día que pasa se le notan más las costuras a este gobierno que lo único que le importa es mantenerse en el poder a costa de lo que sea y que no le importa nuestro pueblo, un ejemplo de ello es que a pesar de esta crisis que estamos viviendo recientemente llegaron unos tanques de guerras chinos en vez de alimentos. Por ello, el 6-D votaremos, entre otras cosas, no para cambiar la Constitución, sino para lograr que se cumpla.

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@omaravila2010