• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

El gobierno propicia un nuevo Caracazo

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A propósito de cumplirse 27 años de ese sacudón denominado el Caracazo, hoy en día en nuestra Venezuela la crisis política, económica y social es mucho más profunda que la vivida a finales de los ochenta.

Con tristeza hemos visto cómo los venezolanos se pelean y hasta llegan a los golpes por la falta de comida. Últimamente se han registrado saqueos y conflictos por el sustento diario. Un Caracazo por goteo.

En los saqueos de febrero del 89 que se presentaron producto de un paquete económico anunciado por el ex presidente Carlos Andrés Pérez –entre otros por el aumento de 100% de la gasolina–, la gente se llevaba reses, televisores, línea blanca, entre muchas otras cosas. Hoy solo podrían llevarse los estantes vacíos, una que otra chuchería y las cajas vacías. Definitivamente, como dice el dicho: “La lengua es el castigo del cuerpo”.

Sin duda alguna, este acontecimiento sigue siendo una dolorosa cicatriz en el tejido social venezolano, a diferencia de 1989; además el gobierno celebró este nuevo aniversario pagando a Wall Street con el oro de las reservas internacionales que Chávez había traído a Venezuela y que ahora Maduro mandó a escondidas a Suiza. Lo grave, más allá de ocultar esta situación, es que hicieron todo el movimiento sin la autorización de la Asamblea Nacional.

Igualmente, el tema de la falta de medicamentos es un drama aún mayor. Nos causa dolor la muerte de un joven que falleció convulsionando por falta de medicamentos –solo por mencionar un caso reciente–, así como millones de venezolanos que tenemos algún familiar enfermo –me incluyo entre ellos– y recorremos cualquier cantidad de farmacias y recurrimos a las redes sociales solicitando medicinas para poder auxiliar y tratar de curar a nuestros seres queridos.

Mientras el país se cae a pedazos, Maduro y su combo se movieron para resolver en tiempo récord el pago de la deuda de 1.543 millones de dólares a Wall Street, pero no hacen lo mismo por solucionar las penurias del pueblo, como lo son la devaluación, la falta de comida y medicinas, cancelando las deudas a empresas farmacéuticas y de alimentos, lo que les importa es no quedar mal con el capitalismo mismo.

Lamentablemente hoy nuestro país está en una situación tan grave que vemos a cientos de madres recolectando firmas para conseguir leche para sus hijos, en un país que no solo despilfarró la más grande bonanza petrolera de la historia, sino que gastó más dinero comprando armas, que alimentos.

Esta sensación de crisis, caos y desmadre nacional ha venido en franco ascenso, producto de los múltiples acontecimientos que ocurren a diario: protestas, apagones, falta de agua, y un largo etcétera que todo el pueblo venezolano conoce a la perfección.

Quiero dejar claro que no justifico otro Caracazo, ya que eso sería lo peor que nos podría pasar a los venezolanos en este momento, pero sí pienso que el gobierno está haciendo todo lo posible para que ocurra un estallido social.

A pesar de todo esto, cada día amanezco convencido de que por nuestra Venezuela bien vale el esfuerzo, y por ello salgo a luchar por nuestra gente, por la unidad sin exclusión y por el cambio.

Finalizo diciendo que regímenes como este que tenemos, que restringen la libertad y la suplantan por el control estatal de la economía, terminan siendo tan insensibles ante las penurias que causan que ven como algo normal que la gente sufra para obtener hasta lo más básico para vivir: alimentos y medicinas.