• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

El gobierno agoniza

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Lamentablemente, en Venezuela cada día es mayor la tensión política y social. Y es que las distintas crisis que padecemos –sumadas al hambre que va en aumento– tiene al país a punto de un estallido social.

A esa misma tensión social le debemos incluir la presión de la alternativa democrática para buscarle una salida pacífica y constitucional al gobierno de Nicolás Maduro, bien sea por la vía de la activación del referéndum revocatorio, o como lo hemos venido proponiendo desde Unidad Visión Venezuela, con la destitución del primer mandatario nacional, ante la negativa de este para demostrar que es venezolano y que, sobre todo, renunció a la doble nacionalidad.

Este régimen se encuentra cercado por los cuatro flancos ante la pérdida del apoyo popular, lo que hace tambalear su permanencia en el poder por mucho más tiempo.

Ante el desespero por preservar “el control” del país, no tengo la menor duda de que vienen muchos más ataques en contra de quienes adversamos este régimen. Abundarán los inventos sobre la supuesta guerra económica, magnicidio, golpes, traiciones, sabotaje, conspiraciones y todos esos mitos a los que no tiene acostumbrado este gobierno, sin que falten las amenazas, la violencia e insultos.

Desgraciadamente, este proceso no puede concluir en sana paz, pues quien siembra viento, recoge tempestades. Lo malo de esto es que se está llevando por el medio a todo el mundo, incluidos niños inocentes y ancianos, especialmente de los sectores más humildes, que necesitan una medicina o que requieren una operación para salvar su vida; en fin, a todos esos venezolanos que esta “revolución” vino a “salvar”.

A pesar de todas las adversidades, hoy más que nunca soy un convencido de que es posible salir en lo inmediato de esta pesadilla de gobierno y construir un futuro mejor para todos. Lograr tener un país con instituciones sólidas, independientes y en la que estoy seguro que con solo darle una pequeña dosis  de libertad económica lograría ese “milagro” en el que se desataría las fuerzas productivas reprimidas en Venezuela. Donde un Estado redimensionado, encaminado en su verdadera función, lograría ayudar a salir de la pobreza a millones de venezolanos.

Ya tenemos fecha para validar las firmas necesarias para activar el referéndum revocatorio; a los venezolanos que firmamos y nos excluyeron vamos a colaborar en la organización y movilización por un lado, y por el otro, guardaremos las ganas para, con mayor fuerza y determinación, ir a estampar nuestra huella en la siguiente etapa del 20%, cuando le vamos a meter no 4 millones, sino 8 millones de firmas por el buche, para que finalmente lo revoquemos con la tan anhelada cantidad de votos de la cual tanto habló el “comandante supremo” y con más de 10 millones de votos acabaremos con el hambre, la inseguridad, la corrupción y le daremos paso a esa Venezuela posible, a ese país que soñamos y extrañamos.

Un gobierno que hoy no tiene votos y por ello reparte golpes, pero no hay manera de que hoy en día le pueda poner frenos a las ganas de salir adelante a un país que ya pisó el fondo.

Hay una realidad en el país, donde cada día con mayor fuerza se protesta en las calles ante tanta desidia de un gobierno incapaz; es fácil identificar cuándo empieza la violencia, difícil es saber cuándo terminará. Esta no es la vía para solventar los conflictos políticos, solo sirve para exacerbarlos, por eso insistimos en que los conflictos se resuelven electoralmente y las instituciones están obligadas a facilitar el proceso.

El referéndum revocatorio será otra prueba más que llevaremos a feliz término, trabajando unidos para lograr ese cambio de gobierno tan necesario hoy en día en nuestra Venezuela enferma.