• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

Maduro representa la crisis

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Se cumplen tres años desde que Nicolás Maduro llegó a la presidencia y el balance que este le está dejando a nuestro pueblo es una creciente desesperanza, en una constante angustia producto de tener hoy en día la inflación más alta del mundo, el hampa desbordada, sumado al progresivo desabastecimiento que actualmente sobrepasa 80% en los productos de primera necesidad.

Igualmente han crecido las humillantes colas, la escasez, el hambre y la mala alimentación, en fin, tenemos un país en la miseria.

Más allá de los discursos de lado y lado, está el sentir de nuestro pueblo, la realidad que estamos padeciendo la mayoría de los venezolanos.

Lamentablemente vivimos bajo un régimen que en medio de la desidia acabó con la producción nacional, donde 60% de las importaciones son precisamente del imperio –ese del cual tanto critican– al punto que 90% de los rubros que vende el mismo Estado, son importados.

Esa patria socialista y revolucionaria de la que tanto se jactan los voceros del oficialismo es esa Venezuela en la que un tercio de sus habitantes no se alimenta completo; en la que otro 30% no come balanceado; unos a consecuencia de que no hay suministros suficientes, otros porque el dinero no les alcanza, y a pesar de que se van a hacer tours diarios y horas de cola para conseguir comida, cada día regresan con menos o nada de alimentos.

Ante esta irresponsabilidad del gobierno, en la que no rectifica ni toma ningún tipo de medidas, el hambre sigue aumentando y con él, la violencia producto de ese desespero que siente nuestro pueblo por la falta de comida.

La crisis nos está acorralando y nuestra capacidad de “resuelve” ha disminuido en forma dramática. Desde la Unidad denunciamos ante el mundo esta tragedia humanitaria; de igual manera trabajamos por el necesario cambio político que le pueda dar un verdadero viraje a este desastre, a devolverle la esperanza y la confianza a nuestro pueblo, únicos motores que requerimos para arrancar hacia la recuperación de nuestra Venezuela.

Me preocupa la posición político-partidista que asume las FANB en favor del gobierno, en vez de advertir la tragedia humanitaria creciente y la violencia que igualmente viene en franco aumento, ya que esa misma hambruna la están sufriendo sus tropas, que igualmente son pueblo, y que esta situación termine pasándonos por encima a todos los factores.

No pretendo ser pesimista, todo lo contrario, pero como dirigente político y como parte de este pueblo que sufre y padece los mismos problemas que nos aquejan a todos los venezolanos y ante la gravedad de los acontecimientos, me veo en la obligación de alertar, de hacer un llamado de atención. Estoy seguro de que podemos construir un futuro mejor, pero para ello hace falta que todos sin distingo de color, raza, ideología nos unamos para detener esta tragedia; pero por el otro lado, para que todo aquel que tenga la oportunidad de aportar su granito de arena, lo haga; Venezuela lo merece y lo necesita, hoy más que nunca necesitamos reconciliación, amnistía y paz.

Estoy convencido de que ese otro país que deseamos es posible: un país productivo, innovador y positivo.

Cuando avizoramos ese otro país no soñamos imposibles, ni partimos de la nada, simplemente aprendemos de la experiencia de otras sociedades, que luego de ser azotadas por el comunismo, por la adversidad, por la escasez, por la deshumanización, por la desesperanza, aprendieron la lección y se encauzaron hacia modelos de progreso y libertad.

Podrán apagar el país, imponer toda clase de obstáculos, pero ante ello nuestra respuesta debe ser más organización y determinación para concretar y desalojarlos del poder como la mayoría de venezolanos queremos, por la vía constitucional.