• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

Incongruencias del gobierno

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Hoy en día vemos entre las contradicciones de este gobierno que se han sentado a dialogar con el “imperio”, ese que tanto critican y que según ellos es el culpable de todos nuestros males.

Son los mismos que criticaban que en “la cuarta” república se necesitaba un carnet político para conseguir trabajo, hoy exigen a los venezolanos un juramento de lealtad absoluta para poder adquirir una bolsita de comida, mientras que otorgan pasaportes diplomáticos a narcotraficantes, terroristas y corruptos.

Es una tragedia que los venezolanos suframos por la incapacidad de un gobierno que siempre evade su responsabilidad y se la adjudican a terceros, llevando todo a la diatriba política. Así escuchamos a Maduro y a los distintos voceros del régimen decir que la destrucción de la economía es culpa de una “guerra económica” y no del fracaso del modelo económico; que la escasez no existe, porque tenemos comida para alimentar a tres países; que la inseguridad no es producto de la impunidad reinante, sino del paramilitarismo que promueve la derecha apátrida con la ayuda de Uribe y del imperio; que el revocatorio es una “opción” del CNE y no una obligación constitucional, y así pudiera seguir enumerando un largo etcétera de “justificaciones” injustificadas de quienes no admiten su incapacidad para gobernar.

En resumen, eso de la coherencia –valor fundamental en la política– no va con esta “revolución” y por ello vemos que se declaran contra el rentismo petrolero, luego de habernos hecho más dependiente del petróleo como nunca antes, que impusieron un control de precios para, según, proteger a los más pobres, y generan una superinflación. Imponen un control de cambio porque los dólares son del pueblo, mientras continúan entregándoselos a los enchufados y son tan descarados que ahora le echan la culpa a los cupos de Cadivi. 

Critican el bachaqueo –hijo de este modelo económico fracasado– pero de igual manera reprochan el consumismo que ellos mismos estimularon durante casi una década producto de la gran bonanza petrolera. Se declaran nacionalistas y antimperialistas, mientras entregan nuestra soberanía a Cuba e hipotecan el país a los chinos, así como han preferido mantenerse al día con Wall Street, que solventar el problema de comida y medicinas que padecemos los venezolanos.

Asimismo se dicen ser ecologistas, pero se han repartido el arco minero, se oponen a la privatización, pero nos tienen a los venezolanos contratando servicio privado para poder tener luz y agua.

De esa misma forma encarcelan a todo aquel que les incomoda por lo que dice o hace, con evidencias que no van más allá que lo que dice un patriota cooperante, un ministro o el mismo presidente, para que venga un fiscal e interprete a conveniencia de los voceros del gobierno dicha detención.

Un gobierno cada día más enredado en sus mentiras, que ahora lo vemos tratando de explicar como un logro la paliza que recibió en la OEA y como un fracaso que a pesar de la violación del reglamento logramos validar el 100% de las firmas que eran posibles, de acuerdo con el número de máquinas que nos colocaron para tal fin y, en lo personal, humildemente, lo dije con anterioridad que con ese número de captahuellas era imposible validar más de 400.000 firmas.

Vemos con pesar lo que ya habíamos anunciado: un gobierno que ha perdido la brújula, que cada día está más solo y que ante la inminente salida que les espera tratan de hacer creer que la mayoría los apoya todavía.

Por último pido a nuestro pueblo paciencia; el revocatorio político cada día está más cerca, aun cuando Nicolás y su gobierno demuestran que prefieren un revocatorio social.