• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

Golpe al estómago

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Los controles en nuestra economía no solo fracasaron, sino que nos llevaron a un desabastecimiento atroz que el gobierno ya no halla qué inventar para seguir engañando a los venezolanos, y de las “propuestas” o planes que este ha llevado adelante lo único que arroja es la incapacidad frente a la crisis que se viene viviendo en Venezuela y que se ha agudizado en los últimos tres años bajo el mandato de Nicolás Maduro.

Lo que seguimos viendo es cómo este régimen insiste en buscar una solución a través de más controles como el recién anunciado CLAP, un nuevo mecanismo de control, dentro de los controles; un círculo vicioso que va a generar más problemas hasta colapsar definitivamente.

Lamentablemente para todos los venezolanos –oficialistas o no– la realidad se impone una vez más, frente a este modelo fracasado. No existe ningún mecanismo eficaz para pretender administrar lo que es escaso, llámese CLAP o cualquier otro. Hoy a quienes le están dando el poder de administrar lo poco que queda de productos de primera necesidad, simplemente agravará aun más esta lamentable situación y aumentará el bachaqueo y los costos de los productos.

Estamos frente a un gobierno que está tan errado que piensa que con el aumento de varios productos, como el pollo o el huevo, va a ser suficiente para lograr que aparezcan en los anaqueles. Esto solo demuestra lo distorsionada que está nuestra economía y lo destruido del poder adquisitivo. Los controles de precios fueron populares durante la bonanza petrolera, pero a la larga terminaron siendo nefastos, esto por la simple razón de que impiden la inversión y la iniciativa para producir bienes, generando cada vez mayor escasez e inflación.

Todo eso ha llevado a que se desarrolle un Caracazo en gotas, debido a que Maduro no puede ocultar el desastre que actualmente estamos viviendo los venezolanos. Los conatos de saqueo, protestas y revuelta popular causados por el hambre y la necesidad ya se están sintiendo en las calles, cada vez con más fuerza. Cuando la necesidad pega en el estómago, no hay barrera que impida tal desesperación.

Por otro lado, vemos a Empresas Polar demostrar una vez más su compromiso con el país, frente a un gobierno que se niega a no solo buscar financiamiento internacional, sino hasta de recibir esa ayuda humanitaria que el pueblo venezolano está pidiendo a gritos, ante la grave escasez de alimentos y medicinas.

Nicolás y su combo deberían pedirle a Lorenzo Mendoza que les explique –más allá de cómo conseguir financiamiento– cómo deben invertirse los recursos de manera eficiente y productiva, y más cuando son prestados. 

Venezuela no puede seguir endeudándose para comprar armas y nutrir el guiso cambiario, ni mucho menos pedir prestado para financiar la regaladera de gasolina o el petróleo a Cuba y a los países de Petrocaribe.

El mecanismo más eficiente de asignación de recursos es el mercado. Son los mercados abiertos que permiten el libre intercambio de bienes y servicios entre productores y consumidores. Es de este libre intercambio de donde se forman los precios. Cualquier control que fije arbitrariamente el precio de cualquier bien, sea por encima o por debajo de valor real, ocasiona la escasez que hoy tenemos.

En fin, este gobierno logró algo que parecía imposible: quebrar y llevar al borde de la hambruna a un país petrolero.

En lo particular, creo en Venezuela, en su gente, en que nosotros mismos lograremos darnos una solución por más difícil que se vea, por ello mi invitación al pueblo venezolano es a no desanimarse, a seguir luchando, a que hagamos cada uno lo que nos corresponde y estoy seguro que más temprano que tarde veremos ese gran país que somos.