• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

Golpe electoral o descontento popular

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Hace pocos días, en Venezuela celebramos 58 años de aquel plebiscito que convocó Marcos Pérez Jiménez en diciembre de 1957, elecciones que, por cierto, lo único que lograron en aquel momento fue aumentar el malestar popular y militar.

Algunos gobernantes cuando están a punto de perder el poder empiezan a aplicar estrategias a ver cuál les resulta para tratar de recuperar la popularidad perdida, y en ese afán se atreven a retar al pueblo y hasta lanzan amenazas en su contra, a ver si estas mismas personas que lo eligieron se atemorizan a través de amenazas y amedrentamientos y de esta manera tratar de recuperarlos y tenerlos siempre sometidos a su merced.

En estos últimos días hemos visto y escuchado a voceros del gobierno denunciar lo que unos denominan “fraude”; otros, “golpe electoral” e incluso acompañado de un supuesto audio –grabado de manera ilegal– donde se inculpa a una trabajadora contratada que nada tiene que ver con la secretaria de Gobierno de la Gobernación de Amazonas, como lo han dicho voceros del gobierno nacional.

Luego de varios años diciendo que este es el sistema electoral más seguro, confiable e inviolable del mundo y haber pasado toda la reciente campaña electoral pidiendo que se respetaran los resultados del 6-D, de haber firmado y recontrafirmado todos sus actores un acuerdo para tal fin, nos hacen pensar que la descomunal derrota los tiene locos.

Los que pidieron respeto a los resultados son los mismos que hoy desconocen y lanzan improperios diciendo que les dimos un “golpe electoral”. El único golpe aquí lo dieron casi 8 millones de venezolanos que votaron por el cambio, acto que certificó el Consejo Nacional Electoral, avaló Unasur, lo vigiló nuestras Fuerzas Armadas y hasta lo reconoció Nicolás Maduro en televisión minutos después de haberse conocido los números a favor de la Unidad.

Al gobierno le digo que ya dejen el show, porque los únicos golpes que damos los demócratas son los electorales a través del voto.

Ahora resulta que es el presidente de la República, Nicolás Maduro, el que no cree en el CNE. Me pregunto: ¿con qué moral va a pedir auditoría un gobierno que no quiso aceptar que revisáramos los cuadernos de votación en abril de 2013, aun cuando ese resultado fue bien ajustado? No como ahora que, con todo y los votos nulos, la Unidad sigue ganando de manera sólida. Lo invito a revisar bien los números, a sumar; si no sabe use una calculadora. Pero, por ejemplo, en el caso indígena de la región que han venido denunciando, los doblamos, 32.353 votos a 16.629, y con todo y que le obsequiáramos los 10.595 votos nulos, aun así nuestra ventaja seguiría siendo considerable.

Es el colmo del descaro, cuando aquí el ventajismo siempre ha estado del lado del gobierno.

Más allá de que sea cierta la supuesta compra de votos en Amazonas, el gobierno es el que a todas luces pretendía sobornar al electorado regalando taxis, computadoras, tablas, sin contar con todos los usos y abusos de los bienes y recursos del Estado para promocionar a sus candidatos.

Lo cierto es que andan buscando desesperadamente, por todos lados y por cualquier vía, cómo quitarse de encima esa mayoría calificada que obtuvimos gracias al apoyo mayoritario de nuestro pueblo que con mucha determinación y firmeza apostó por el cambio que iniciaremos el próximo 5 de enero una vez instalada la nueva AN, la única que legitimó de manera constitucional a través del voto nuestro pueblo el pasado 6-D.