• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

A Dios rogando y con el mazo dando

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Lamentablemente en Venezuela el sistema de justicia funciona como un garrote para perseguir a la disidencia y no para castigar a los criminales.

Vimos al ex fiscal Franklin Nieves a través de un video donde expresó que las pruebas presentadas en el juicio de Leopoldo López eran falsas. Luego de cierta confesión, en un país con un Poder Judicial medianamente autónomo, el condenado ya estaría en libertad. Si quien presenta las pruebas dice que estas son falsas, el juicio queda viciado de toda nulidad.

La noticia en cuanto al juicio al dirigente de Voluntad Popular no es que estuvo viciado de principio a fin, ahora que el fiscal haya huido y confesado el crimen es un escándalo que desnuda al régimen frente al mundo.

No es la primera vez que existen denuncias de este tipo en el país y con este régimen; recordemos el caso del ex magistrado Eladio Aponte Aponte quien denunció que en el Poder Judicial no hay autonomía, que hay presos políticos e hizo graves señalamientos contra algunos funcionarios del gobierno que estarían presuntamente vinculados al narcotráfico.

De igual manera el ex magistrado Luis Velásquez Alvaray denunció el sistema judicial, el narcotráfico y la supuesta presencia de guerrilla en el país.

Es triste ver declaraciones de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, justificando lo injustificable, cuando de ser cierto que ellos, los funcionarios quienes tienen el poder y sobre todo la obligación de velar y cumplir las leyes y lo que dicta la carta magna, cumplieran con su obligación y actuaran con conciencia, pues ya muchos de los que se denominan “socialistas” e hijos del comandante sempiterno ya estarían privados de libertad cumpliendo años de condena por corruptos y haber malgastado el dinero de todos los venezolanos para su propio beneficio.

No hay que ser estudiado ni tener cuatro dedos de frente para darse cuenta de la situación que está atravesando el país; no hay que ser economista para saber que no hay producción nacional, que los salarios no alcanzan y que las colas en las afueras de los mercados –tanto públicos como privados– son humillantes, todo esto producto de los controles y de las malas políticas en esta área y no de una presunta guerra económica.

No hay que ser criminalista, ni policía, ni estadista para saber que el hampa se ha adueñado de todo el país, que en los últimos 17 años la delincuencia ha cobrado más de 200.000 vidas de muchos inocentes, trabajadores, hijos, padres, madres y abuelos, oficialistas, opositores o apolíticos. Basta solo con darse un paseíto por las morgues del país.

No hay que ser analista político para darse cuenta de que este gobierno fracasó, que se la pasa inventando cuentos y guerras para justificar su mal accionar, historias inverosímiles para tapar la negligencia de ministros y dirigentes que se encuentran en la cima con los bolsillos y el estómago lleno, mientras el pueblo soberano, para quienes dicen gobernar, se muere de hambre, por la violencia y en la miseria de un país que tiene todo para ser de primer mundo, no del atraso con modelos socialistas que fracasaron y caducaron en todos los países que quisieron implementarlo.

Por ello y mucho más es que el país requiere un nuevo rumbo, un cambio y en la Unidad no haremos eso “como sea”, sino con una avalancha de votos que nos dará ese pueblo descontento con este régimen el próximo 6-D.

http://visionvzla.blogspot.com/

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@omaravila2010