• Caracas (Venezuela)

Omar Ávila

Al instante

Los CLAP develaron la guerra económica

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El hambre sigue creciendo en Venezuela y haciendo estragos en nuestra gente sin que el gobierno haya tomado una sola medida seria y verdadera en la dirección correcta para comenzar a paliar el problema.

Con el nombramiento del general Vladimir Padrino López no será diferente la situación, y sin ánimos de ser profeta del desastre, no se avizora solución alguna. La economía no necesita disciplina, sino reglas claras y libertad.

El fracaso del régimen y el sufrimiento de los venezolanos está garantizado mientras Maduro y su combo piensen que con medidas policiales o militares van a resolver los problemas económicos y políticos que existen en el país y que justamente ellos han creado, pero lo peor aun, no querer dejar el poder siendo esto un clamor general de los venezolanos, lo que conlleva a que cada día la situación se agrave.

Al gobierno le sigue saliendo el tiro por la culata con sus medidas improvisadas y fracasadas; tal como hemos observado con los CLAP, que en tan solo tres meses de su promoción, lograron que el pueblo se diera cuenta de que la verdadera guerra económica la tiene el régimen contra los ciudadanos.

Ahora la gran misión trasladará esa rabia a los militares, que no están precisamente en su momento de mayor popularidad.

En los países con economías libres, el sector privado bajo la dinámica del mercado se encarga de producir y distribuir eficientemente bienes y servicios. Aquí el gobierno se desgasta tratando de hacer eso.

Cada dólar, cada bolívar, cada hora hombre malgastada por el desgobierno para mal-distribuir productos de la cesta básica son recursos que se dejan de invertir en seguridad, educación, salud para los venezolanos.

Es tal la crisis humanitaria, que en algunas zonas de Amazonas no hubo clases durante todo el año por falta de alimentos para los alumnos y por falta de gasolina para el transporte escolar, que se hace en bongos. Este es el caso, por ejemplo, de escuelas que están situadas en el municipio Alto Orinoco, como la Unidad Educativa Mavaca, que atiende a niños de comunidades yanomami, y la escuela Toky, donde asistían los infantes de comunidades yekuana.

 

En La Esmeralda, capital del municipio Alto Orinoco no hay combustible. En San Carlos de Río Negro, capital del municipio Río Negro, el litro de gasolina cuesta 1.000 bolívares. La otra opción es comprar gasolina (venezolana) en Colombia a 2.000 bolívares el litro.

Sin embargo, y a pesar de todos estos males, de situaciones tan graves  como los ataques armados a la policía, nosotros insistimos en que si se puede, por ello no dejamos de hacer propuestas para resolver los múltiples problemas que nos agobian, y tenemos ejemplos de gestiones de gobiernos regionales y municipales -que a pesar de la adversidad- vienen dándole soluciones a estos graves problemas, como lo son la escasez de medicinas e insumos para la salud o el hacinamiento en los calabozos; lidiando con la falta de piezas y repuestos para patrullas y ambulancias, y afectados como todos por la inflación, devaluación, desabastecimiento, recesión, etc.

Ojalá toda la comunidad internacional reconociera la crisis humanitaria venezolana y actuara en consecuencia. Hasta ahora no ha llegado a Venezuela un sólo barco, un avioncito, ni medio contenedor siquiera con ayuda humanitaria, comida o medicinas, de ningún país u organismo internacional. La crisis en Venezuela no es juego de niños, es una situación delicada que amerita la atención de todo el mundo. En este momento de angustia y desesperación, espero podamos contar con el resto de los países del mundo, seguro estoy que nos tenderán una mano y nos ayudaran a salir de este trance tan amargo y del cual vamos a salir lo más pronto posible.

dip.omaravila@gmail.com

@omaravila2010