Viajes

Una guía verde de París

Los parques, bosques y paseos más hermosos y llenos de historia de la capital francesa esperan a los viajeros que aman la naturaleza sin alejarse del arte

parís

París no tiene mar, pero tiene al Sena, que la atraviesa de punta a punta y se ramifica en varios canales. Tal vez gracias al río es que en los mapas también se ve tanto sector pintado de verde, no solo plazas y parques, sino verdaderos bosques, de cientos de hectáreas en el trazado urbano.

Uno de estos espacios es el Campo de Marte. Ocupa un área donde antiguamente se cultivaban hortalizas. En 1765 se decide emplazar allí la Escuela Militar y su respectivo campo de maniobras, con lo que se niveló el suelo, se cavó una fosa en todo el perímetro y se levantó la actual avenida de olmos.

Cruzando el Sena por el Puente del Alma, entre la torre Eiffel y el Museo del Louvre, se encuentran los Jardines de las Tullerías. Este jardín formaba parte del antiguo palacio real y cuando la corte se trasladó a Versalles en el siglo XVII, se convirtió en el primer parque público de París. El nombre hace referencia a que antiguamente allí había fábricas de tejas (en francés, tuiles). Entre los canteros y junto a los estanques hay esculturas de mármol hechas por Maillol, Rodin y Giacometti. En el extremo suroeste de jardín está el Museo de l'Orangerie, con una gran colección de arte impresionista. El edificio se construyó en 1853, originalmente como invernadero de naranjos y en la actualidad alberga pinturas de Monet, Cézanne, Renoir, Picasso, Matisse y Henri Rousseau.

De palacios y botánica. Desde la Isla de la Cité, donde se encuentra la Catedral de Notre Dame, se puede bajar por el bulevar de Saint Michel, a través del Barrio Latino, y llegar al Palacio de Luxemburgo, actual sede del senado francés.

Más allá de la inmensa y hermosa casona de estilo italiano, construida por encargo de María de Médicis, esposa de Louvre, lo que sorprende es la pulcritud de los jardines en sus 22 hectáreas de extensión. Las flores destellan bajo el sol de agosto y se agradece la sombra de los castaños, tilos y plátanos repartidos por todo el predio. En el Jardin du Luxembourg o Luco, como lo llaman los franceses, también hay canchas de tenis y baloncesto, sillones de hierro y estatuas de reinas francesas repartidas por todo el lugar. Para los más chicos hay ponis para pasear y veleros miniatura para navegar el lago.

Con la Torre Eiffel a las espaldas, de este lado del Sena, son unas 10 cuadras hasta el Jardín de las Plantas. Creado en 1635 para alojar hierbas medicinales para Luis XIII, hoy es el gran botánico de París, con un rosedal con 170 variedades de rosas, un jardín de invierno art déco, un invernadero mexicano con especies de medios áridos y un jardín alpino con más de 2.000 plantas de montaña. Todo bien explicado con carteles... en francés. El predio tiene un total de 23,5 hectáreas, alberga un zoológico y en la parte más alta, un laberinto hecho de ligustrina que desemboca en la Glorieta de Buffon, de 1788, una de las construcciones metálicas más antiguas del mundo.

El Jardín de las Plantas es mencionado en distintos cuentos y novelas de Julio Cortázar, como Rayuela: “Esto se llama así, eso se pide así, ahora esa mujer va a sonreír, más allá de esa calle empieza el Jardín des Plantes”. El Jardín de las Plantas pertenece al Museo Nacional de Historia Natural, y es la casa de más de mil animales entre mamíferos, pájaros y reptiles. El objetivo primordial de este antiguo zoológico, La Ménagerie du Jardin des Plantes, es preservar las especies en peligro de extinción, como el caballo de Prjevalski, los canguros arborícolas y orangutanes.

Un barco en el jardín. El Bois de Boulogne de París tiene 846 hectáreas, es decir 2,5 veces más grande que Central Park de Nueva York y 5,6 veces mayor que el Hyde Park de Londres. En la parte norte de este bosque, en una tajadita de este gran espacio verde, está el Jardin d’Acclimatation. Creado por el emperador Napoleón III y la emperatriz Eugenia en 1860, este es el paraíso de los niños, un parque de diversiones con carritos chocones, sillas voladoras, ranas saltarinas, granja, un pequeño zoo y varias montañas rusas.

En verano se arman playas con tumbonas y duchas, como parte del programa Paris Plage. Atención familias: el ingreso al Jardin d’Acclimatation es pago, lo mismo que cada atracción, empezando por el tren de trocha angosta con el que se accede. Se recomienda evitar los fines de semana con sol.

A pasos de aquí, hace unos años se inauguró el edificio futurista, soberbio, de la Fundación Louis Vuitton. Según el arquitecto que lo diseñó, Frank Gehry: “el edificio fue concebido como un gigantesco buque que simboliza el espíritu de la cultura francesa”. Miles de paneles forman doce velas hechas en hierro y cristal, y adentro, doce galerías con muros blancos y superficies lisas exponen piezas de arte moderno y contemporáneo; a veces también se organizan desfiles de moda y conciertos.

A los pies del edificio, una cascada se desliza por escalones chatitos, oscuros, que le hacen de espejo a la construcción hipermoderna. Pensando en la metáfora del buque francés, esta cascada dibuja las olas de un mar más o menos calmo. Y arriba de todo, la terraza está cubierta por una de las velas de cristal. Desde el 11 de octubre hasta el 5 de marzo estará la Exhibition Being Modern: MoMA in Paris, con 200 piezas de arte contemporáneo, pop, minimalista y abstracto del museo neoyorkino.


Parque elevado

Veinte años antes que se inaugurara el revolucionario High Line de Nueva York, París ya tenía un parque elevado de 4,7 kilómetros de longitud, que va desde la Plaza de la Bastilla hasta el Bois de Vincennes. Ubicado en el Distrito 12 de París, el Plantée Promenade recorre el Viaducto de las Artes, que entre 1859 y 1969 soportó el tren de Vincennes. A principios de los noventa, el espacio en desuso se recuperó bajo la mirada del paisajista Philippe Jacques y el arquitecto Vergely Mathieux.

La traducción literal de Promenade Plantée sería Paseo Plantado, y es un jardín lineal urbano en altura, con estanques, espacios de lectura y galerías de arte a cielo abierto, canteros y arcos llenos de flores, bancos y vistas hermosas a la ciudad: en algunas partes este paseo se eleva hasta 10 metros. En los canteros y macetas hay tilos, avellanos, plantas trepadoras, rosales y muchos tulipanes rojos y amarillos. Apto para peatones, no para ciclistas, es un paseo tranquilo, bastante alejado del circuito turístico masivo.