Viajes

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En Bolívar

Sakaiká

En un viaje de diciembre 2017 conocimos el salto Sakaiká. Es un enloquecido.

Cae como desde 30 metros y lo ves desde un precipicio que te produce un vértigo angustioso, pero a la vez te sacude las emociones con esa fuerza. Se puede bajar por un sendero hasta el final o quedarse en la parte de arriba y bañarse en las pozas. Se ocupan Omar Salazar y Flor María Velásquez, que ofrecen siete churuatas muy lindas, terreno para carpas, baños y la gentileza de ambos en un área muy amplia. Me encantó.

Para ir: Km 805.

Teléfono: (0289) 540 2161.


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Épocas para visitar  la Gran Sabana

Los meses de diciembre y enero son preciosos porque la luz en todo el país es más luminosa y limpia, pero no vayan jamás los primeros días de enero porque acuden muchedumbres, hay demasiados indolentes que desbaratan el paisaje y acaban con la euforia. En julio y agosto hay muchos puripuris, llueve demasiado, pero los saltos tienen muchísima agua. Es excelente para fotografiar. Semana Santa es la muerte en camisola gris. No se les ocurra. Es como los primeros días de enero. Una marabunta en la que abundan los insensibles. Después de la semana mayor esperen mínimo un mes a que la sabana se medio recupere de los desmanes. Marzo y abril es demasiado seco. Las pozas no tienen la misma gracia. Me encanta febrero porque conserva algo de la emoción de enero con su luz. Mayo y junio  son preciosos. Temporada baja, empiezan a crecer los saltos. Septiembre, octubre y noviembre, una fascinación.

Para ir: lleven vehículos adecuados, gasolina, protector solar, impermeable, cavas, sillas, repelente, comida, linternas, y ropa que no usen para los pemones.


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Los detalles del camino

Hay que fijarse en los detalles cuando anden por estos caminos. Los tepuyes aparecen y desaparecen porque las nubes se ocupan de esconderlos o mostrarlos. Tienen que estar volteando todo el tiempo. Casi todos los artesanos venden la cadena de tepuyes que se ven desde la carretera, ya sea en madera o piedra. Cómprenla para que los identifiquen hasta que se los aprendan. Cuando caminen por la orilla del camino o en la vía hacia algunos saltos, fíjense en esos pequeños tepuyes creados por la erosión. Son como minimontañitas con una piedra arriba, igualitos a los tepuyes. Explican visualmente cómo se formaron estas montañas, sagradas para los pemones.

Para ver: andar despacio. Es un viaje

de contemplación.


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Puente Makunaima

El asombro colectivo en este viaje. Tantos años, tantas visitas y, jamás, nadie nos había hablado de ese lugar. Entras con el carro unos pocos kilómetros, caminas por un senderito y desde arriba medio observas el paisaje, pero no entiendes mucho. Hay que bajar, acercarse, ver el puente de piedra con vegetación encima que atraviesa el río de un extremo a otro, y acostarse en las piedras de inmediato para asomarse por debajo y admirar con estupor la cascada y la poza que están detrás. Es fascinante, loco, insólito, con una fuerza y una energía poderosísimas. No se les ocurra dejar de bañarse. Deben meterse en la cascada. Salen eléctricos.

Para ir: Km 834.


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Tremenda guía

Si quieren alguien que les organice todo, los lleve y los traiga, busquen a Odimar López. Esta muchachita empezó como asistente de cocina de los pemones en el Roraima y ya tiene su propia operadora, que se llama Eco Aventura Tours. Es una maravilla. Excelentes camionetas con asientos que ven hacia delante, tremendos conductores, se conoce toditica la sabana, los mejores pozos, las mejores posadas, los sitios perfectos para comer, las comunidades que deben visitar, los artesanos y hasta dónde y a qué hora hay puripuris. Otra ventaja es que pagan por transferencia posadas y comidas y así no sufren el drama del efectivo. Nadie tiene punto. Ofrece el viaje por la Gran Sabana y también el paseo al Roraima. Con ella hicimos tres capítulos de Dos de viaje en diciembre.

Para contactarla: vive en Santa Elena. Teléfono:  (0424) 923 0318.

Instagram:@ecoaventuratours


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Quedarse en  la Gran Sabana

Hay una ruta clásica de la Gran Sabana. Esa que va desde la entrada hasta Agua Fría, sin entrar en Kavanayén. A esa me refiero hoy. La carretera es perfecta, apta para cualquier tipo de vehículo, con un peralte ejemplar y en excelentes condiciones, aunque tiene una que otra parte medio deteriorada, pero nada grave. Carros altos o de doble tracción se necesitan para pasar por saltos cuyos trayectos son más largos y aparatosos. Si bien hay posadas, mi recomendación es que alguna vez deben acampar. Pueden hacerlo en sitios con facilidades, especialmente con baños, porque donde no los hay es obligado ser muy cuidadosos, enterrar los desechos sólidos y no hacer nada cerca de los ríos. Por caridad, usen solo jabones biodegradables, llévense toda la basura que generan y la que encuentren. Sean gentiles con los pemones y hagan caso a sus indicaciones. Son los guardianes de la sabana porque son sus primeros y únicos habitantes.

Para ir: sugiero que bajen mi app en Play Store: La guía Valentina Quintero. Actualizada y completísima. O visiten mi web laguiavalentinaquintero.com


BIEN DATEADO

Recomiendo llevar todas las comidas que puedan. Si bien en San Francisco de Yuruaní y en los Rápidos de Kamoirán siempre hay alguna oferta, en los saltos provoca hacer un picnic bien rico con sanduchitos o cosas frías, alguna chuchería para los niños, frutas, agua mineral. Es vital hidratarse todo el tiempo. Aunque no se den cuenta con tanta agua alrededor, se deshidratan con el sol.

Muy importante la ropa. Nada de algodón funciona, sino en la noche para dormir. De resto, traje de baño y ropa inteligente que se seca chola, protege del sol y es antibichos. Usamos Exofficcio, costosa, pero excelente. Me gusta tener sillitas para sentarme por ahí a ver el mundo. Las toallas deben ser de las que se secan rapidito.