Viajes

Golpe de adrenalina en Damajagua

Una sucesión de pozos y toboganes en un río del norte de República Dominicana se han convertido en una aventura llena de diversión y emoción cerca de la ciudad de Puerto Plata

damajagua charcos

Poco importa saber o no nadar. Si se cuenta o no con los flexibles zapatos de playa, tan indispensables para recorrer el terreno agreste como para pasar por cada pozo de agua. El punto es agregar una experiencia más a la lista de actividades extremas o simplemente experimentar un golpe de adrenalina en unas vacaciones en República Dominicana. Sea cual sea la expectativa, los 27 charcos de Damajagua bien valen el riesgo.

A estos pozos de río en los que se cae a través de toboganes naturales tallados en la roca –unos de un metro otros mucho más largos– se les llega después de poco más de media hora de carretera de la ciudad de Puerto Plata, situada en la costa norte dominicana.

Paisajes de verdes llanuras y cerros, solo “interrumpidos” en algunos puntos con escenas de ganado pastoreando o sembradíos deleitan la vista de los forasteros. Incluso al arribar al parque natural en el que se encuentran los ahora célebres pozos, se podrán ver reses encaminadas por sus pastores.

Alemanes, estadounidenses, costarricenses, panameños, venezolanos, todos deben pasar en fila por la estación de seguridad para recoger un casco y un chaleco que se ajuste a su talla, y si no tiene el calzado adecuado, pues podrá alquilarlo en estas instalaciones.

Hay que dejar todo: cámaras, teléfonos, relojes, carteras, morrales. No está permitido llevar más que traje de baño o ropa deportiva cómoda y una botella de agua mineral para esta travesía. La razón es simple: en esta experiencia los visitantes permanecen mucho tiempo bajo el agua.

A caminar. La expedición a los pozos de Damajagua, que pueden visitar en su totalidad o solo siete, se inicia con una larga caminata, cuyos primeros pasos se cumplen cruzando un puente de unos pocos metros de largo, que separan las instalaciones (restaurante, baños, lockers y zona de cascos y chalecos) de la densa vegetación. Luego, un sendero de varios kilómetros a pie permite adentrarse en este parque natural, guiados siempre por salvavidas locales.

El primer acercamiento a las aguas se cumple a pocos metros de emprender el recorrido al atravesar a pie el río, en un paraje despejado. Las aguas cristalinas dejan ver en el lecho las piedras que incomodan el paso. Luego empieza una caminata que lleva por una senda estrecha que se abre entre arbustos y altísimos árboles frutales.

Después de media hora de camino (quizás un poco más, quizás un poco menos, porque total nadie lleva la cuenta del tiempo) toca subir unas escalinatas moldeadas con listones de madera y hacer una breve parada para recobrar el aliento, tomar agua y arrojar las botellas de plástico en los contenedores de basura.

La cercanía de las cascadas se advierte por el sonido del agua. Para el primer salto hay que bajar al pozo a través de una escalera de madera adosada a la piedra. Luego de las fotos de rigor –siempre hay alguien con smartphone o cámara a prueba de agua–, los guías convidan a lanzarse. Para eso hay que sentarse al borde del tobogán mientras el caudal de agua rodea y cae a borbotones. Intentan relajar un poco a los aventureros al mencionar una vez más las medidas de seguridad: cruzar los brazos sobre el pecho, aguantar la respiración en la entrada al agua y no oponer resistencia para salir del agua. La repetida pregunta de “¿listo?” nunca consigue respuesta porque literalmente empujan a los visitantes –magnífico método para evitar arrepentimientos de último minuto–.

Una y otra vez se cumple el ritual del deslizamiento hasta llegar al último de los charcos, de caída de varios metros, en el que los osados pueden subir, por unos escalones de madera, hasta la roca contigua al tobogán y saltar otra vez al pozo.

Al final de varias horas en el agua: vencida cualquier angustia y agregada una experiencia más al diario de las aventuras extremas.

***Invitación de la Oficina de Turismo de República Dominicana en Venezuela

Más en Puerto Plata

- El teleférico: vistas envidiables del puerto y del bosque tropical que rodea al cerro coronado con un Cristo de brazos extendidos erguido sobre un domo. Web: http://telefericopuertoplata.com/

- Ocean World Adventure Park: con espectáculos de delfines, leones marinos y guacamayas. Acercamientos a tiburones. Es posible hacer snorkel con algunas especies en las piscinas y entrar a las jaulas de aves y dejar que los emplumados se posen sobre los visitantes. Web: www.oceanworld.net/esp/home

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