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El teatro, ese simulacro que se convierte en verdad

Karin Valecillos es la autora de Los huesos de Shakespeare. La pieza, dirigida por Orlando Arocha, rinde homenaje al autor inglés y su obra. Inaugura la temporada 2017 de La Caja de Fósforos

Los huesos de Shakespeare

“Algo tiene que ser como antes, así sea la muerte”, dice uno de los sepultureros. “Para que así mañana podamos recordarnos”, remata. Porque este lugar (la vida, el mundo, la consciencia) es así. Porque la muerte tiene que servir para algo. Porque tal vez hay muchas muertes antes de la definitiva. Porque es necesario amar antes de morir. Porque luego todo se corrompe. Y al final siempre llegará la muerte, devoradora, irremediable.

En un cementerio desamparado dos enterradores hablan de muertos (no podía ser de otra manera), pero de uno importante. Muy importante. El más grande de los grandes de todos los grandes de la humanidad. Sus huesos deben llegar pronto y están planificando hacer de ello un negocio. Así saldrán de la miseria.

Pero la espera se hace larga –aunque no sea Godot– y nada sucede. La definición de esperanza es cuestionada; también de existencia y llanto, también de trascendencia. Comienzan a salir de los matorrales seres que son más bien personajes de teatro. El gran homenaje, entonces, comienza una y otra vez. 

Los huesos de Shakespeare es la más reciente pieza de Karin Valecillos, con la que conmemora al autor inglés, pero también a los actores y a la escena misma. Es la obra que estrena la temporada 2017 de La Caja de Fósforos, como lo hiciera Macbeth en 2013 cuando esta sala teatral inauguraba su funcionamiento.

La dirige Orlando Arocha y con el apoyo del British Council se estrena hoy, protagonizada por Ángel Pájaro, Jesús Carreño, Antón Figuera, Nella Martínez, Gladys Seco, Gonzalo Guerrero y Ari Savio.

Al principio la idea era hallar un punto de encuentro entre lo venezolano y Shakespeare. Luego Valecillos fue elaborando una galería de personajes que remiten a su autor original: la nodriza, la reina Margarita de Ricardo III, una suerte de Horacio-Hamlet y su hija, Judith. “Todo se trabaja en un tono humorístico y aparentemente ligero, pero que no pierde profundidad. A partir de ese encuentro entendemos que todo es un simulacro. Que la vida es un simulacro y que, sin embargo, podemos crear a partir de allí una verdad. Es la esencia misma del teatro”, afirma Arocha.

Hablar sobre la muerte en un país que cada día se abarrota más de cadáveres no es sencillo, pero desde La Caja de Fósforos el tratamiento es más filosófico, argumenta el director. “La realidad nos ha arrebatado la visión humanística de la muerte. Creo que las reflexiones de Shakespeare no nos alivian la angustia de lo que estamos viviendo, pero nos abren un espacio en el que podemos respirar intelectualmente. El pensamiento no respira en Venezuela”.

Cartelera. Luego de Los huesos de Shakespeare, La Caja de Fósforos tendrá una programación nutrida. Seguirá Emilia del argentino Claudio Tolcachir bajo la dirección de Rossana Hernández. Luego estrenarán Pueblo de fieras; un minifestival titulado Estación Europa con 6 obras de la nueva dramaturgia alemana, italiana, polaca, suiza, española e inglesa; y el ciclo Traspatio, con cuatro montajes nacionales: El cuarto de atrás de Ricardo Nortier, El mapa de la conquista con el que Diana Volpe se estrena en la dramaturgia, Sopa de tortuga de Ana Melo e Historia de una bolsa de Teatro Naku.

Los huesos de Shakespeare

La Caja de Fósforos, Concha Acústica de Bello Monte

Funciones: viernes y sábado, 7:30 pm; domingo, 6:00 pm

Entrada: 1.000 bolívares