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La intelectualidad se puso al servicio de la dictadura

La catira del general, pieza escrita y dirigida por Javier Vidal, cuenta la historia de la relación entre Pérez Jiménez y Camilo José Cela, a quien el militar le encarga una novela que sirva de propaganda para el Nuevo Ideal Nacional

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 La obra, que se estrena hoy, es protagonizada por Sócrates Serrano, Gonzalo Velutini y Juan Carlos Ogando Foto: Manuel Sarda 

Por ABRAHAM SALAZAR LUGO absalazar@el-nacional.com @Ab3z

Un dictador, un intelectual, un artista y un gallego que trabaja en el Palacio de Miraflores juegan dominó en el centro del escenario. “A mí no se me escapa nada y por mis manos pasa todo. Soy el gendarme necesario”, dice el mandatario y todos hacen silencio.

A principios de los años cincuenta, la dictadura de Marcos Pérez Jiménez define la vida en Venezuela. El presidente busca formas de aliarse con intelectuales para construir una nueva sociedad. Laureano Vallenilla Lanz-Planchart le imprime un sustento filosófico al proyecto político del momento: el Nuevo Ideal Nacional. Mientras, el escritor español Camilo José Cela intenta destronar a Rómulo Gallegos y le da forma literaria a la propaganda política.

Vallenilla-Lanz y Pérez Jiménez le encargan al Nobel de Literatura escribir una novela que borre la herencia cultural de Doña Bárbara y así nace su laureada obra La catira. Historias de Venezuela, publicada en 1955. La encomienda es el hecho central de La catira del general, obra escrita y dirigida por Javier Vidal que muestra sobre las tablas las costuras de la sumisión de los intelectuales frente al poder.

Unos pocos bocetos, cuatro sillas y una mesa dominan la escena en la que una gran pantalla es protagonista. En ella, durante el desarrollo del montaje, se proyectan símbolos de la tradición cultural venezolana que fueron creados por el régimen. La historia del encargo de la novela termina de llenar el espacio en el que cuatro actores se mueven entre la comedia y el drama para subrayar la importancia de comprender un discurso.

Sócrates Serrano interpreta a Camilo José Cela con un estricto acento gallego; Gonzalo Velutini añade la parsimonia y sapiencia de Laureano Vallenilla-Lanz; Juan Carlos Ogando se planta en escena con un perfectamente planchado uniforme militar como el general Marcos Pérez Jiménez.; mientras que Jan Vidal interpreta al único personaje ficticio de la historia: un gallego emigrante que representa para el autor el optimismo en tiempos de dictadura.

Javier Vidal leyó La colmena y La familia de Pascual Duarte, así como diversos artículos y ensayos de Cela. “No fue hasta que le dieron el Nobel de Literatura que me entusiasmé por leer La catira. Me resultó un libro con mucho humor; a pesar de la rudeza de algunos pasajes, se puede percibir la ironía gallega y el fin de burlarse de todas estas cosas que veía aquí como algo menor”.

La escritura de Vidal tiene, en algunas de sus piezas, una cercanía con los designios de control de los andinos que gobernaron con mano dura. Cuando decidió retratar la dictadura de Pérez Jiménez sobre las tablas, encontró un nicho perfecto en la sumisión de los intelectuales y artistas que se pusieron al servicio del poder.

“El juego de lo civil al servicio de lo militar nos ha marcado. Hay personajes como Vallenilla-Lanz, quien creó el Nuevo Ideal Nacional y apoyó filosófica e intelectualmente a Pérez Jiménez, de la misma forma que su padre fue apologista de Juan Vicente Gómez”, afirma.

En la obra, que se estrena hoy en el Trasnocho Cultural, Velutini y Serrano encarnan a un intelectual y un artista que saben que hay un poder que persigue, tortura y se siente necesario para mantener el orden. “Esa era la misma concepción de Juan Vicente Gómez, que se repitió en Pérez Jiménez y Hugo Chávez, y que aún está en este remedo que es el madurismo”, finaliza el dramaturgo.

Fin de la historia

Javier Vidal cierra con esta obra su Trilogía del Poder, un conjunto de piezas que narran el paso de los andinos por la Presidencia y cómo la tradición venezolana ha estado signada por el juego entre lo civil y lo militar. Comenzó con Diógenes y las camisas voladoras(2011), que versó sobre Escalante, López Contreras y el sueño democrático, y siguió con Compadres (2016), en la que jugó con los personajes de Castro y Gómez y el militarismo arraigado en nuestra historia.