Sociedad

La verdad detrás de la tragedia de Choroní

Habitantes de la localidad critican que se exagerara en redes sociales y algunos medios la cantidad de fallecidos y de desaparecidos por la crecida del río Las Mercedes. Consideran que en lugar de ayudar afectó el ritmo del turismo, ya en merma desde abril de este año. La cifra oficial quedó en cuatro muertos y un menor de edad todavía extraviado

Una nube negra se había posado sobre la montaña. Lluvia, truenos y relámpagos orquestaron el 21 de agosto la carretera que conecta Maracay con Choroní. El río Las Mercedes, como suele ocurrir, estaba crecido. La gente esperaba a que bajara la corriente para continuar con su camino. Entretanto, algunos curiosos se bajaron de los vehículos para tomar fotografías.

Todo parecía normal. Hasta que llegó el “ruido”. “Era como si se pegaran unas piedras sobre otras”, recuerda Ana Rodríguez, que posee un establecimiento de empanadas desde hace 21 años en Romerito y nunca había visto algo parecido.

Una ola, algunos dicen que de 10 metros, embistió de repente lo que se encontraba a su paso. Las personas huyeron en dirección a Choroní mientras el agua, apoderándose de la vía, los perseguía. El estruendo de las rocas envolvía la zona. Los árboles se caían, las raíces volaban y el lodo se propagaba sobre el concreto.

Natalia Díaz, que iba de regreso a Caracas, se bajó de su camioneta para tomar imágenes de la crecida. Frente a ella estaban otros transeúntes mirando el cauce desde una casa aledaña. Díaz estaba tranquila, pero de manera repentina advirtió que el volumen del agua aumentaba constantemente. Cuando tomó la tercera foto vio venir la masa de agua oscura. Corrió hacia abajo de la carretera, en sentido Choroní. Tras ella se resquebrajó la pasarela y los vehículos fueron empujados por la crecida. Uno de los hombres que observaba la torrente desde la vivienda casi fue arrastrado, se salvó al agarrarse de un tubo y pudo escapar junto a Natalia con leves golpes. "Logré voltear a la derecha y vi la pasarela verde en vertical junto con troncos. Una imagen muy impresionante. Corrí cerca de 800 metros hasta llegar a una cachapera. Allí comencé a gritarle a la gente que fueran a buscar ayuda. No había señal de teléfono", relata. 

Al sentirse un poco segura, volvió para verificar la situación de sus dos compañeros, que se quedaron en la camioneta en la que viajaba. Ambos, junto a otros cinco o seis carros que chocaron entre sí, fueron arrastrados varios metros.

Ahí se percató de que un señor había fallecido después de quedar atrapado en medio de unos vehículos. Entonces pensó que ella y sus amigos debían irse por temor a que llegara otra ola. Pero un joven les pidió que lo ayudaran a sacar al hombre fallecido. Entre todos movieron palos, barro y troncos. Natalia obsequió su toalla para que fuera envuelto el cuerpo. El hijo de la víctima, al ver y tocar a su padre, emitió un gemido desgarrador. Su nombre era José Manuel Gonçalves Gorcho.

Hola Familia estoy finalmente en casa. Me agarró justo el lugar y el momento del deslave en la carretera de Choroní. Les cuento: el Lunes de regreso a Caracas, cuando llegamos a la quebrada Las Mercedes me bajé del carro para tomar una imagen de la crecida, a la tercera foto ví venir la ola junto con el sonido. Salí corriendo carretera abajo, el agua me alcanzaba y veía cómo iban cayendo los árboles, el puente peatonal y el sonido también estaba. Despues de estar segura, a los dos minutos decidí regresar a ver que había pasado con mis amigos. Benjamín y Patricia quienes quedaron en la camioneta. Fueron arrastrados unos 60 metros por la ola junto con los otros 5 o 6 carros que estaban allí. Todos chocaron entre sí y un señor que también estaba fuera del carro y corriendo quedó atrapado alado de la ventana y muerto. Yo quería que dejáramos el carro y salir lo más pronto del lugar por temor a que viniera otra ola, pero un joven (Angel) se me acerco y nos dijo que debíamos ayudarlo a sacar el hombre muerto porque es un ser humano. De nuevo la solidaridad del venezolano. Entre todos sacando palos, barro, troncos, fueron moviendo los carros hasta llegar al hombre sin vida. Dí mi toalla para envolverlo. Cuando su hijo pudo tocarlo: gritaba como aquel ritual de las indígenas peruanas: un gemido desgarrador pero también liberador. Tengo muchas imágenes de las piedras, los árboles, las raíces volando, la lluvia, los truenos, el barro: es la tierra tiembla. Hoy de madrugadas lograron abrir El Paso y pudimos pasar.

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Un Aveo azul fue el vehículo que se llevó la ola. Ahí se movilizaban Gabriela Soldner, Agustín Alonso, Maribel Linares y el menor de 5 años de edad Santiago Agustín Soldner, quien sigue desaparecido. Los tres primeros fallecieron de manera súbita, señala María Gabriela Martín Soldner, hija de Gabriela Soldner y hermana de Santiago.

De acuerdo con un testimonio que recibió María Gabriela, en el momento del desbordamiento, delante del Aveo de su mamá había otro carro blanco que cruzó el río. La corriente empujó a este vehículo hacia un lado; esa familia salió ilesa. Luego venía el turno de Agustín Alonso de moverse, pero no quiso. “Estoy segura de que no quiso pasar, porque mi mamá y mi papá eran muy cuidadosos. Yo sé que ella no iba a pasar ese río”.

Agustín retrocedió y chocó con un carro que estaba detrás. Luego un autobús trató de cruzar, lo que causó más colapso en la angosta carretera. Lo que deduce María Gabriela es que el auto de su mamá quedó atrapado: no tenían manera de salir de allí. “Ni por un segundo se imaginaban que aquella ola tan grande iba a venir. Ahora qué es lo que dicen: que el dique se reventó. El único carro que se lleva la ola es el de ellos. Ahorita el vehículo está atrincherado, no hay acceso hacia él. Bueno, lo poco que queda porque se han conseguido varias partes”.

Lo que dice Soldner acerca del dique ha sido confirmado por habitantes del sector, la lluvia provocó su desaparición. La misma gente construyó una represa artificial e instaló tuberías para enviar agua tanto a los caseríos de la autopista como a Choroní y Puerto Colombia.

María Gabriela es nieta de Johann Soldner, que a su vez desciende de alemanes que vinieron a Venezuela huyendo de la Segunda Guerra Mundial y fundaron la posada Alemania, la primera de Choroní. La joven de 26 años pide que se continúe la búsqueda de su hermano, paralizada luego de que se cumplieron los ocho días reglamentarios. Al no existir pruebas de que pudiera haber fallecido, considera que existe la posibilidad de que el pequeño esté en alguno de los caseríos de la zona.

“Estamos hablando de una montaña que no tiene un tamaño infinito. Está marcado el sitio y el lugar donde pasó. No es que hay un misterio sobre dónde pasó o cuál es el perímetro de búsqueda (...) No hablamos de cualquier persona sino de un menor de edad. Su derecho como niño y como venezolano es que se sepa su paradero”. Luego de mantener conversaciones con la gobernadora de Aragua, está a la espera de que se reestructure el protocolo para reiniciar las labores de rescate.

El desastre del 21 de agosto dejó cuatro personas fallecidas y el menor extraviado. Kellymar Pirela, empleada de la posada Bequevé, tuvo que ser desalojada de su vivienda, que sufrió daños por el desbordamiento. Afirma que otras cinco familias fueron evacuadas por alto riesgo. Están esperando a que se les aprueben unas casas en Choroní que les ofreció el gobierno.

Residentes de la población han criticado que se exagerara en algunos medios y en redes sociales acerca de la cantidad de desaparecidos y de muertos. Esto agravó aún más la disminución del turismo en la localidad, ya en merma desde abril de este año. “No es el fin de Choroní, puesto que ni siquiera se vio afectado el pueblo como tal. Choroní sigue en pie, con nuestros mismos problemas, quizás ahora agrandados con esto que pasó, pero no propiciados por el evento”, dijo en una publicación de Facebook Elizabeth Quintanales, dueña de la posada Las García.

"En realidad, directamente la comunidad de Choroní no salió afectada. Ni el pueblo ni el área del campo o Puerto Colombia. Fueron dos puntos focales: la quebrada Curucuruma, que está en la cara sur, y la quebrada Las Mercedes, en la cara norte del Parque Henri Pittier", indicó César Pereira, habitante de Choroní. 

Asimismo los turistas que decidieron asumir el "riesgo" de trasladarse a la localidad constatataron que en líneas generales todo está funcionando con normalidad. "Nos habían dicho que no había paso, pero decidimos venir en taxi y verificamos que todo estaba abierto", indicó Jesús Matos, de 30 años de edad y residente de Maracay. Llamó a los turistas a reactivar las visitas: “La gente puede subir. Pasó lo que pasó, pero todo se supera. El turismo hay que llamarlo”. Ya para el fin de semana del 16 y 17 de septiembre había viajeros provenientes de Guarenas, Táchira y Caracas. 

Prevención

Pereira explicó que lo sucedido en Romerito es conocido técnicamente como “flujo o torrente de detritos”, es decir, hubo una acumulación de desechos sólidos naturales (palos, ramas, troncos, árboles y arena), que sumados a precipitaciones constantes, provocaron la violenta crecida de agua. Afirmó que ni con mantenimiento preventivo se iba a evitar.

Sin embargo, sugirió que deberían instalarse avisos en los que se pida a la gente mantener una distancia prudencial de al menos 200 metros. “Son importantes los estudios que se hagan aguas arriba con las instituciones de prevención, para verificar las acumulaciones de desechos sólidos en estas zonas y así tomar medidas preventivas”.

José Madey Ávila, técnico de Inparques, señaló que el material que se acumuló provino de la mesa al noreste de la cumbre de la cordillera central. En un efecto de “bola de nieve”, las ramas y la arena fueron aglomerándose hasta llegar al río y provocar el desastre.

El río Las Mercedes sufrió una transformación radical. Antes solía ser cristalino y repleto de pequeños pozos donde la gente se bañaba. Tras aquella ola gigante el cauce se desplazó 15 o 20 metros. Ahora sus aguas están oscuras y plagadas de grandes rocas. “Por mi casa estaba el pozo La Lapa. Había muchos pozos famosos, pero ya no hay, desaparecieron, no hay nada, ni las señas. Quedaron unos peñones de piedras”, recuerda Kellymar Pirela, que pide a la gente viajar a Choroní para mantener la magia turística que lo caracteriza. O como dice Ana Rodríguez, que todavía se recupera del desastre: "Esto es un lugar mágico, de verdad, tranquilo, para relajarse. Para dormir tranquilo, para olvidarse de política. La magnitud de la tragedia yo creo que ya pasó".