Sociedad

El primer día que tuve uso de razón

“Esa noche fue más aterradora aun porque el cielo se puso todo de color rojo, (y por eso no me gusta el rojo). De allí subimos a un cerrito pequeño que queda frente al bloque donde vivimos, hacia un sector que se llama El Caribe”, escribe una lectora sobre su experiencia en el terremoto

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RAMÓN VILLA / ARCHIVO EL NACIONAL

Por Nancy Zoraida Arraiz Rivero

Para esa fecha del 29 de julio de 1967, yo tenía 6 años de edad y esa noche estaba en mi casa en los bloques de Cutira, en Catia. Hacía lo que todos los niños hacen a esa edad: jugar. Estaba con una amiguita vecina que tendría como 3 o 4 años, jugábamos a que yo era su mama y que la estaba cuidando porque estaba enfermita, pero en juego. Su mamá, mi mamá y otra vecina estaban en el pasillo conversando y muertas de la risa contando chistes. Yo fui a la cocina a buscar un plato sopero y lo llene de agua porque esa era "la sopa" que le iba a servir a mi "hijita enfermita"; cuando voy hacia el cuarto, siento que todo empieza a moverse y no me podía mantener en equilibrio, el plato con agua se me cayó y me quede viendo al techo impresionada al ver como se balanceaba la lámpara del comedor. En eso sentí a mi mamá que entró pegando gritos llamándome, me cargó como terciada en la cintura y salió corriendo conmigo gritando el nombre de mi hermana mayor que tendría 8 años. Ella estaba jugando en el pasillo del piso de abajo y estaba colgada en los huecos de la pared de las escaleras, mi mamá se la montó en la espalda y asó conmigo guindando en su cintura y mi hermana como un mono guindándole del cuello, bajó corriendo los siete pisos del edificio (no sé cómo hizo con ese peso encima), sorteando a la muchedumbre de personas que desesperados bajaban también corriendo por las escaleras. Recuerdo que por ahí en el piso 2 había un viejito, muy viejito, tirado en el piso, se había caído y nadie lo ayudaba porque la gente estaba despavorida (luego supimos que el viejito falleció, pero creo que fue por un infarto).

Una vez que estábamos a salvo abajo del edificio y a cielo abierto, yo arranqué a llorar y a temblar como una hojita (estaba aterrada oyendo a la gente gritar y llorar) y mi mamá creyendo que yo temblaba de frío, nos dejó a mi hermana y a mi bajo cuidado de una vecina, y se echó a correr escaleras arriba los siete pisos, solamente para buscarme una cobija, y unos suéteres para ella, para mí y para mi hermana. Recuerdo que cuando subió sentí miedo de no volverla a ver, y eso que yo no entendía mucho que era lo que estaba pasando, pero gracias a Dios no pasó más nada en ese ratico y mi mama llegó con todos los abrigos correspondientes.

Esa noche fue más aterradora aun porque el cielo se puso todo de color rojo, (y por eso no me gusta el rojo). De allí subimos a un cerrito pequeño que queda frente al bloque donde vivimos, hacia un sector que se llama El Caribe; allí en el borde más alto de ese cerrito había una acera y ahí nos sentamos la mayoría de las personas que vivíamos en el bloque, todos viendo hacia la fachada de nuestro edificio, y de ahí veíamos a las personas que subían y bajaban rapidito, a buscar cosas es sus casas, y sobre todo muchos subieron más que todo a cerrar las puertas de sus casas que quedaron abiertas (mi mamá también lo hizo cuando subió a buscarme la cobija). Estando allí, en El Caribe, nos empezó una nueva angustia: mi papá esa noche no estaba en la casa porque había salido con un compadre a una fiesta por Los Palos Grandes; mi mamá estaba angustiada hablando con los vecinos y después alguien con un radiecito comentó que el terremoto había hecho estragos en Altamira y Los Palos Grandes, y ahí sí mi mamá empezó a llorar. Para completar, como una media hora o una hora después hubo una réplica, que ése si lo sentimos fuerte porque estábamos en el cerrito sentadas y sentimos cómo nos batuqueba el piso fuertemente. No duró mucho tiempo, lo que sí recuerdo son los gritos nuevamente de toda la gente que aun estaban en el edificio, fue aterrador verlo y oírlo desde afuera.

Fueron horas de angustia sin saber nada de mi papá, hasta que a las 12 de la noche y estando aun sentadas en el piso del cerrito, escuchamos la voz de mi papá que dijo "Por fin las encontré" y yo literalmente sentí que había visto a Dios o algo así. Era mi papi. Nos abrazamos fuerrrrrte, mi mamá, mi papá, mi hermana y yo, y allí sentí que volví a la vida. Gracias a Dios, todos salimos vivos de esa experiencia.

Lo vivido por mi papá fue una experiencia más que traumática, pues tuvo que pasar muy cerca de los edificios que cayeron, especialmente la Mansión Charaima. Él contaba que se escuchaban los gritos de la gente dentro de los escombros del edificio, y que eso era desesperante. No me quiero ni imaginar el terror que sintió mi papá, pues él no sabía que podría haber pasado con nosotras, su mujer y sus hijas, e igual que nosotras no sabíamos que había pasado con él, pero gracias a Dios todos estábamos juntos una vez pasada la medianoche.

A mi Papa le toco venirse a pie desde Los Palos Grandes hasta Catia, con frío y con lluvia, porque de paso esa noche llovió. Finalmente, en momentos así de dificiles, la solidaridad surge de manera espontánea entre los vecinos y conocidos, y para terminar de pasar la noche (que fue bastante fría), una familia que vivía en una de las casitas de El Caribe, nos ofreció que pasáramos la noche en su casa y nos dieron colchonetas, sabanas y cobijas, para que por lo menos descansáramos y medio durmiéramos un rato hasta que amaneciera y nos atreviéramos a subir a nuestra casa para ver los daños en el apartamento.

Afortunadamente en mi hogar no hubo muchos daños, solo una pared que se agrietó completica (después hubo que tumbarla), y algunas otras pequeñas grietas en la sala, en la cocina y en el pasillo.

Esta historia la llamé "El dia que tuve uso de razón", porque a partir del 29-7-1967 tengo recuerdos de mi vida bastante nítidos, de los días anteriores a eso, mis recuerdos son muy vagos, pero de verdad, muy vagos.

Dos recuerditos más: en la televisión recuerdo que estaban pasando El Batazo de la Suerte con el Musiú Lacavalerie, y en cuanto a los chistes que a mi mamá y sus vecinas las tenían muertas de la risa. Estaban leyendo una hojita con una fulana "Cadena del Peo", que mi mamá guardó por muchos años (aún no sé si la tiene), y yo la llegué a leer varias veces, y de verdad que uno se desternillaba de la risa, pero a mi mamá, ya más nunca le hizo gracia esa cadena.