Sociedad

Marco Caputo, el biólogo caraqueño atrapado por el encanto de Choroní

El experto asegura que en la zona hay mucho más que playa, también se encuentran montañas, trapiches y la historia del cacao. Además, critica que en Venezuela hay lujos que simulan una riqueza, pero al visitar una escuela queda en evidencia la pobreza del país. Cuestiona a los políticos que solo buscan votos y fotos

El biólogo marino Marco Caputo camina por la carretera, el pueblo, la montaña y la playa de Choroní despreocupado, siempre hacia un destino y con un propósito definido, acompañado de la pericia de su conocimiento y la experiencia en la naturaleza. Transita en short, una camisa alusiva a la tradición de la Burriquita y una mochila en la espalda. Caracterizado por su buen humor y con una chispa de ocurrencia, es una personalidad clave para conocer en la localidad.

Desde niño visitó Choroní, ubicado en el municipio Girardot, al norte del estado Aragua. Cada fin de semana o vacaciones que Marco pasó en el pueblo lo aprovechó para disfrutar y compartir con amigos. De esa época siente nostalgia por el paso de los años, considera que se ha perdido parte de la seguridad que imperaba antes.

Marco terminó el liceo y comenzó a estudiar Biología en la Universidad Simón Bolívar. Realizó trabajos en diversos estados de Venezuela relacionado con la carrera y posteriormente se radicó en Bremen, Alemania, para realizar una maestría en Ecología Marina Tropical, cuya tesis se desarrolló en Tailandia. Hizo los estudios en el exterior gracias a una beca-sueldo obtenida por su esfuerzo.

Posteriormente se radicó en Choroní, quedó atrapado por la magia y el encanto del pueblo. Ahí se dedica a realizar recorridos guiados por la localidad y apoya a concienciar sobre la importancia de cuidar los ecosistemas y las especies que la visitan, como por ejemplo las tortugas marinas.

“Choroní es muy mágico. Yo sigo descubriendo Choroní a pesar de venir toda mi vida. Es un destino que la gente lo asocia al placer, pasar un fin de semana para escapar de la rutina”, expresa Marco en Playa Grande a primera hora de la mañana, al lado de un nido de tortugas marinas por eclosionar en cualquier momento.

“(Durante la estancia en el exterior) Me encontré cada vez más cosas que me recuerdaron a Choroní, donde pase tanto tiempo de mi infancia. Choroní es mucho más que Playa Grande, esta es una playa muy bonita pero tenemos mucho más”, resalta el biólogo de 35 años, con el sonido de fondo de las olas que rompen en la orilla.

Además de la playa, en la zona hay trapiches, donde se procesa la caña de azúcar para obtener papelón; el parque nacional Henry Pittier; el bosque nublado y el seco; el pueblo colonial, y la historia del cacao.

“La pequeña Venezuela”

El lunes 21 de agosto ocurrió una crecida repentina del río “Las Mercedes”, en el sector Romerito, que ocasionó cuatro muertes y dejo un niño desaparecido. Caputo comentó que el siniestro se produjo después de una sequia histórica al comenzar a llover. Sin embargo, ni el pueblo ni Puerto Colombia se vio afectado.

“Si ustedes quieren colaborar con Choroní vengan para acá como turistas, contraten una posada, un toldo y cómanse un pescado”, dice en la playa con las palmeras y la montaña de fondo.

“Choroní es una pequeña Venezuela, lo que pasa en Choroní es un reflejo de lo que pasa en todo el país. Aquí se viven todas las vicisitudes”, acota. A su juicio, en todo el país se ve riqueza en autos y lujos, pero al visitar una escuela se evidencia la pobreza de la nación.

Critica que las autoridades van a Choroní a buscar votos, tomarse fotos y hacer campaña. Entretanto, el pueblo se levanta con sus propias manos y el esfuerzo de su trabajo para seguir adelante, preparado y con los brazos abiertos para recibir a sus visitantes.

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