Sociedad

La incertidumbre hace que los caraqueños compren comida en dólares

En la capital la gente comienza a quedarse sin alimentos y sin agua. Hay supermercados y abastos que solo aceptan efectivo o divisas

Divisas

Archivo

Foto: Referencial

Por Ana María Matute / @anammatute

Hace tiempo que la costumbre es esperar los fines de semana para abastecerse de alimentos. Los venezolanos suelen hacer mercado semanalmente, cada vez compran menos, pero los que aún pueden, lo siguen haciendo. Es por esta razón que cuando se interrumpió el servicio eléctrico el jueves muchos quedaron sin comida en sus casas.

La luz retornó a algunas áreas de la capital y por eso los caraqueños salieron el sábado masivamente a supermercados, abastos y panaderías, e incluso cadenas de farmacias, para abastecerse. Largas colas de hasta tres horas tuvieron que hacer en los pocos locales que tenían electricidad y estaban aceptando tarjetas.

Algunos mercados que funcionan en las calles pudieron atender a los clientes, pues con el retorno del servicio se comenzaba a sentir en algunas zonas la vuelta a la normalidad. Sin embargo, grandes cadenas de supermercados anunciaban a las personas que entraban que solo aceptaban efectivo o divisas. Es muy difícil comprar con billetes, sobre todo porque la red bancaria también sufrió con el apagón; además, hace mucho tiempo que los bancos tienen limitaciones importantes para entregar efectivo a la gente.

Pagar la compra con dólares se presta a especulación. Muchos vecinos se quejaban de que en algunos supermercados les cambiaron las divisas por debajo del precio en el que se cotizaba, hay comerciantes que además pretenden ganar con el cambio.

El cobro en dólares no se restringe solamente a las grandes tiendas o supermercados. Los dueños de carritos ambulantes de comida en una urbanización tan conocida y transitada como Las Mercedes les cobraban a los comensales un dólar por perro caliente. Una mujer pidió 20 de una vez, para llevar. Explicó que su cocina es eléctrica y no tiene manera de hacer comida para su familia.

La gente que maneja divisas compró todo lo que pudo y ya el sábado en la noche el agua potable se había acabado en muchos lugares, por lo que hoy comenzaron a adquirir refrescos y bebidas energéticas.

Nada de agua

A la situación del desabastecimiento de alimentos hay que sumarle el racionamiento que desde hace años se vive en la mayoría de las zonas de la capital. Muchos cuentan con el servicio solo una vez a la semana. Pero sin electricidad, las bombas de los tanques de los edificios no funcionan.

Municipios como Baruta, que usualmente espera el bombeo de agua los jueves, en la mañana del domingo no había recibido ni una gota. El llenadero de La Taona estaba vacío y ni siquiera se ven circulando los conocidos camiones cisternas que abastecen a las urbanizaciones y edificios por una suma de dinero importante que muchos no pueden pagar.

La otra odisea de los caraqueños ha sido deambular por muchos sitios buscando agua para el aseo personal. En la Cota Mil, cerca de La Castellana, hay un conocido chorrito de agua que baja del Ávila. Allí los caraqueños hacen largas colas para llenar recipientes que les servirán para pocas horas.

Los que tienen casas y cuentan con tanque asisten a los que viven en los apartamentos. Las viviendas de los que han migrado han servido de aliviadero a los familiares que están en el país. El día se va en buscar agua y alimentos.

Las personas no pueden bañarse y tampoco asear los baños, pero igual se ven por las calles familias enteras que sacan a los niños a los parques y las plazas porque no hay manera de distraerlos. No importa que queden sudados y sucios, pero cansados duermen mejor, cuenta una madre desesperada.

Comunicación cero

La mayor desesperación es no saber qué ocurre. Las comunicaciones pasan de intermitentes en unas zonas a inexistentes en otras. Los caraqueños incluyen en el recorrido que hacen por comida y agua una parada en ciertas partes de la capital en las que llega la señal de telefonía celular. Se concentran en áreas de la autopista Prados del Este, la Francisco Fajardo, la Cota Mil, el distribuidor Altamira y las vecindades del aeropuerto de La Carlota.

Sin embargo, la señal no es tan fuerte como para permitir abrir aplicaciones de redes sociales como Twitter o Facebook. A veces solo alcanza para recibir los mensajes de Whatsapp y ni siquiera para contestarlos. No hay manera de informarse ni de lo que dice la oposición ni de lo que afirma el gobierno.

La Policía de Baruta se empeña en no permitir que la gente se estacione en el hombrillo para poder conectarse, y pasa cada cierto tiempo con megáfonos pidiéndole a la gente que circule, pero casi nadie le hace caso.

El sábado cadenas de emisoras de radio como Unión Radio no pudieron transmitir porque tuvieron problemas con la planta que les suministraba energía. Luego de recuperado algo del servicio, la mayoría de los diales solo ofrecen música o programas grabados. Nada de noticias.

La mayoría de los medios electrónicos está  trabajando gracias a las plantas que funcionan a base de combustible.

Gasolina a cuentagotas

Y después de todo el recorrido, hace falta poner combustible, porque muchas veces el vehículo sirve para cargar los teléfonos celulares. Son muy pocas las estaciones de gasolina que cuentan con planta para poner en marcha las bombas, por lo que las colas son muy largas y la gente pasa horas para abastecer el carro. La Avenida Principal de Las Mercedes está colapsada por las colas de carros que esperan poner gasolina. También en zonas como El Peñón, Maripérez y El Marqués.

Pero muchos conductores temen que una vez que se acabe lo que hay en los tanques, no habrá cómo recargar porque no se ha visto entrada de transporte pesado a ninguna de las estaciones.