Sociedad

El Hotel Miramar es un patrimonio en riesgo de perderse por desidia

Salones de gala, bares, piscinas, canchas y un hall suntuoso hubo en la Gran Villa del Caribe, máxima expresión del lujo en Macuto

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“El Hotel Miramar ostenta la máxima categoría patrimonial: es Monumento Histórico Nacional y el gobierno está obligado a respetar la Ley de Defensa y Protección del Patrimonio Cultural, pues los monumentos no se transforman, se restauran”. La declaración la hace Hannia Gómez, presidente de Fundamemoria, luego de que el otrora lujoso hospedaje, joya con carácter y personalidad únicos en la arquitectura del Caribe, parezca hoy día la ruina de un desastre de guerra.

“Un monumento histórico no puede ser tocado si no existe un proyecto técnico de análisis del deterioro. Lo peor que puede ocurrir es que un funcionario lo vea como un edificio viejo y dé la orden para pasarle una mano de pintura”. Explica Gómez que el trabajo implica definir el nuevo uso de la edificación, el cual por ley tiene que ser afín al uso original, pues destinarlo a otra función podría implicar la destrucción del espacio arquitectónico que en el caso delMiramar está protegido legalmente. “El edificio cuenta con tesis doctorales que permiten devolverle al estado en que lo concibió su arquitecto, Alejandro Chataing, con las adaptaciones tecnológicas de hoy. Lo que no se haga así es irresponsable y criminal”, sentencia.

En el tiempo, varios han sido los planes de restauración del Miramar por parte de las autoridades de Vargas. El último data de 2013 y estuvo a cargo de un equipo constituido con la anuencia del gobernador Jorge Luis García Carneiro y autoridades de Pdvsa-La Estancia. Tras el reporte técnico, una experta patrimonial declaró que las bases del edificio estaban muy afectadas y que el proyecto era inviable por la alta inversión que demandaría.

Romer Parra, al frente de la Oficina para la Conservación del Patrimonio Cultural y Natural del Municipio Vargas, anuncia un nuevo proyecto para recuperar el antiguo edificio en su formato original: “Nosotros hicimos una inspección técnica y enviamos el informe a la Gobernación, donde están levantando el proyecto de recuperación a la espera de que el Concejo Legislativo lo apruebe para comenzar los trabajos. En el informe constan el derrumbe de una parte del techo, el desplome de sus cúpulas, el estado general de la edificación. Ya se han realizado varias reuniones con arquitectos del área de Infraestructura de la Gobernación y con los consejos comunales con ese objetivo. De hecho, se comenzó la limpieza y lo siguiente será pintar la fachada”, asegura el técnico.

La vocera del área de Cultura del consejo comunal y coordinadora de Bienes Culturales e Inmuebles de la mencionada oficina patrimonial, Belkys Reyes, reconoce que “ha habido muchísimos informes y estudios técnicos y patológicos del Miramar. Ahora mismo se pueden estar llevando a cabo labores de apuntalamiento, limpieza, reubicación de los invasores, pero otra cosa es la ejecución de un proyecto con miras a su rescate en el que debe intervenir la comunidad”. Reyes subraya que la Mesa Técnica de Patrimonio está ocupada con otro proyecto y que será más tarde cuando se dé inicio al diagnóstico del Miramar.

¿Abandono intencional? La calidad patrimonial del Hotel Miramar fue ratificada con su inclusión en el I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano (Instituto de Patrimonio Cultural, 2004-2005), en cuya publicación en línea se expresa: “…la autoridad municipal establecerá las medidas necesarias para la protección y permanencia de los bienes aquí contenidos”, recuerda Derbys López, director de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente, quien hace seguimiento documental del edificio desde 2007.

“Yo he sido testigo de muchas incursiones contra sedes patrimoniales en un afán por hacer de Vargas un estado turístico. Se procede dejando en situación de abandono al inmueble histórico y luego se paga a alguien para que retire los techos, el piso y el protector de las tapias. La lluvia hace lo demás”. Por eso, tiene la sospecha de que con el Miramar se puede estar apostando por su desplome. Cree que no sería ocioso pensar que el derrumbe de las cúpulas del hotel, ocurrido el año pasado, haya sido intencional.

Luis Enrique Blanco Verdú, ex damnificado del hotel, se anima a recorrer el edificio donde vivió tras el deslave de 1999. Al entrar, no repara en el pútrido olor del recinto y mira con normalidad escombros, paredes agrietadas a punto de desplome, herrumbre, escaleras suspendidas en el aire, todo un depredador paso del tiempo. Una pareja de jóvenes estudiantes del Liceo Pedro Elías Gutiérrez se asombra al saberse descubierta en una habitación putrefacta. Ninguno tiene la menor idea de la estancia donde está, mucho menos del valor patrimonial del vetusto ícono del gomecismo. Blanco Verdú tiene dos momentos muy vívidos de sus años allí: “La madrugada en que se cayeron las dos campanas –se refiere a las cúpulas– pasamos un gran susto”; el otro es la única visita que les dispensó la primera dama, María del Valle de García Carneiro, para ordenarles que desalojaran el lugar. Nadie, salvo “Cheo”, como llaman al funcionario de la Gobernación encargado de la vigilancia, tiene acceso al interior del hall, el sitio donde una vez Gardel compartió con los privilegiados huéspedes algunas copas de champaña.